Juan Carlos Adrianzén: “Ojalá el nuevo Gobierno continúe apostando por una política cultural clara”

Juan Carlos Adrianzén, Coordinador y programador del Gran Teatro Nacional (Fotografía: Ministerio de Cultura)

Juan Carlos Adrianzén, Coordinador y programador del Gran Teatro Nacional (Fotografía: Ministerio de Cultura)

Por Pablo Macalupú-Cumpén (@PabbloMC)

Con tres años y medio de existencia el Gran Teatro Nacional (GTN) se ha posicionado rápidamente como el escenario de referencia del país. Este espacio construido entre 2009 y 2012 e inaugurado en julio de ese año no solo sorprende por la moderna e impresionante arquitectura que ilumina parte de San Borja, uno de los distritos más culturales de Lima; sino también por una programación variada que va de la ópera al folclore, de Plácido Domingo a Wynton Marsalis o de la Orquesta Filarmónica a Israel hasta un espectáculo de rock peruano.

La presencia del Gran Teatro Nacional, así como la existencia del Ministerio de Cultura, también ha permitido que el sector de las artes escénicas continúe desarrollándose poco a poco. A nivel estatal, por ejemplo, no podemos negar las mejoras laborales para los Elencos Nacionales, que a su vez influyen, positivamente, en la evolución artística de nuestras agrupaciones. Por su parte, a nivel privado, la disponibilidad de un escenario moderno facilita la realización de conciertos y espectáculos cada vez más ambiciosos. Sin embargo, todo esto no sería posible sin un público fiel o curioso que asista a cada uno de los programas, por ello el GTN también ha asumido la misión de formar nuevas audiencias con espectáculos gratuitos, visitas guiadas o invitaciones para que los escolares descubran el mundo del arte.

Quien tiene la tarea de administrar las propuestas de ambos actores, estatales y privados, para crear temporadas atractivas y diversas que satisfagan al igualmente diverso público local, es el programador y coordinador del Gran Teatro Nacional, Juan Carlos Adrianzén. Con él conversamos hace algunos días sobre su labor, los retos de la gestión cultural en el Perú y también algunas recomendaciones para los aspirantes a la Presidencia de la República respecto a las políticas culturales que el país necesita.

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Pablo Macalupú-Cumpén: A lo largo del año, el público del Gran Teatro Nacional puede ver espectáculos de todo tipo, desde una ópera hasta un concierto de jazz, rock y folclore. ¿Cómo han logrado mantener este equilibrio en la programación?
Juan Carlos Adrianzén: Cuando recibimos el encargo de administrar este proyecto pensamos “¿cuál es ese Gran Teatro Nacional que debemos ser?” En una columna que escribí hace poco señalé que si este teatro estuviera en un lugar distinto, su programación sería, definitivamente, otra. Creo que cada infraestructura responde a la realidad en la que está ubicada, a las necesidades que tiene que cubrir y a la oferta con la que tiene que cumplir. Como nosotros tenemos un solo espacio, único en la ciudad y único con esta tecnología, entonces tenemos que intentar cubrir una demanda que es muy diversa porque somos muy diversos. Así lo planteamos. Incluso con los Elencos Nacionales vemos qué cubrir: en la Orquesta Sinfónica Nacional tenemos a un director que tiene un plan y está convencido en abordar la obra de los grandes compositores clásicos y románticos, pero también pensando en rescatar la música nacional y además mirar lo contemporáneo. Aquí cada conjunto tiene muchos puntos por cumplir. En el Gran Teatro Nacional cubrimos algunas de estas necesidades y demandas con los Elencos Nacionales, mientras que otras las cubrimos con los privados.

Entonces no hay una competencia con los privados…
Para nada. La naturaleza del Gran Teatro Nacional es hacer ese espacio que congregue lo más diverso de las expresiones y que para ello convoque a los actores habituales de la cultura. En sus cinco años de actividad, el Ministerio de Cultura se ha ido empoderando, los Elencos Nacionales han crecido y ocupan un 50% de la programación anual, mientras que el otro 50% son de privados con los que complementamos la oferta. Por ejemplo, es importante ofrecer jazz y el Ministerio no tiene la capacidad para gestionar una oferta de jazz, entonces convocamos a los que hacen jazz nacional y a quienes puedan traer figuras importantes. Otro caso: el Estado puede mantener una orquesta sinfónica, un coro nacional, pero no está en la capacidad de gestionar la visita de grandes orquestas internacionales, así que la Sociedad Filarmónica de Lima cumple con esa labor, aunque nosotros estamos intentando hacer y buscar alianzas con los pares del Ministerio de Cultura en la región. Así que hemos logrado un equilibrio en el que uno puede decir “quiero danza contemporánea” y la tiene; “yo quiero folclore” y lo tienes; “a mí me gusta más el ballet clásico” y también lo tienes.

Y así como se hizo una convocatoria a los actores habituales del quehacer cultural, también se invitó a las grandes figuras representativas de lo nuestro. Si uno piensa quiénes deberían estar aquí, pues tenemos a Manuelcha Prado, por ejemplo, o Amanda Portales. De manera que este teatro no es el templo de las artes europeas, ni tampoco eurocentrista ni nada. El teatro pretende representar nuestra diversidad y la respuesta está en el público que responde a cada uno de ese tipo de espectáculos y se mezcla más de lo que uno cree. Eso lo compruebo personalmente cuando veo cómo el teatro se llena, superviso la venta de tickets y noto cómo el publico también quiere ver a su artista nacional en un escenario de primerísimo nivel.

Esto nos lleva a la dimensión de la calidad artística. Siempre he pensado que el Gran Teatro Nacional debe ser un hito en la carrera del artista peruano, y en varias oportunidades lo he comentado: no cualquier persona debería presentarse en este escenario. ¿Cuáles son, entonces, los criterios para elegir un espectáculo y que el Gran Teatro Nacional marque la diferencia?
Justo como lo has explicado. La idea es tener lo mejor de lo nuestro en todas sus variantes. El Gran Teatro Nacional es un espacio de consagración, es uno en el que todo artista tiene que decir “yo en algún momento estaré ahí” o “es mi momento de estar ahí”. Todo esto incluso se da en un diálogo tácito. Hay artistas que vienen y lo piensan mucho. No es que se autoexcluyan, pero quizás algunos sienten que todavía no es su momento de presentarse aquí. Si uno repasa la programación puede ver figuras destacadas de distintos géneros: del criollismo, del rock, de la música andina. Incluso en algún momento se discutió por qué hacer rock, pero si es un grupo representativo, pues ¿por qué no? De otro lado, por este escenario también han pasado artistas que si bien no son grandes estrellas hoy, se proyectan como que pueden serlo. Entonces, el Gran Teatro Nacional tiene una responsabilidad de respaldar y acompañar carreras que están en ascenso. Por lo tanto, esto es algo mutuo y de mucho diálogo. Convocamos artistas y ellos también se acercan.

Cuando se inauguró el GTN en 2012, BBC News publicó un informe titulado “Perú busca su lugar en el mapa cultural del mundo”. Casi cuatro años después de la apertura, ¿cómo estamos dentro del mapa cultural, al menos en América Latina?
Esto es muy interesante. La internacionalización es un paso que hemos pensado desde el principio y hay una política trazada para que en 2016 se note más, se vea lo que estamos haciendo.

Cuando construyes una infraestructura de esta magnitud, todos los vecinos te miran. Cuando ven que llegan los artistas internacionales y comentan sobre el GTN o dicen “estoy aquí” se genera una gran bola de comunicación natural que nos coloca como teatro, como sector artístico y cultura en boca de otros, algo que antes no sucedía. Es curioso porque el teatro también cumple con esa función, cómo puede visibilizarse él y cómo hace visible al artista nacional a partir de la existencia del propio teatro. Esto ha significado, y tú también lo sabes porque llevas en esto mucho tiempo, que los artistas que van a México D.F., a Bogotá o a Quito, no salten hasta Santiago y Buenos Aires, sino que vean en Lima una plaza más en su ruta.

Nosotros nos hemos centrado mucho en relaciones con miembros de la Alianza del Pacífico (México, Colombia y Chile). Hemos firmado convenios con Colombia, estamos firmando con Chile y con México estamos estableciendo relaciones. Este año, Perú fue invitado al Festival Cervantino de Guanajuato y el próximo hay artistas que participarán en ese evento y que llegarán a Lima, porque ya hay una relación con el festival. Y así ocurre: pueden llamarnos de Colombia para informarnos sobre la visita de una compañía de danza y se suma Lima y también Chile y entonces entras en una red. Participas de la fiesta, te invitan a la discusión y a una programación regional.

Todo eso disminuye los costos
Muchísimo. No solo costos al Ministerio de Cultura sino también a los promotores privados. Ya no tienes que invertir en una infraestructura porque existe el teatro y estás en diálogo con otros de la región para compartir los gastos. Y a cualquier artista o compañía internacional que baja del norte o cruza los océanos le interesa que su recorrido incluya la mayor cantidad de ciudades posibles.

También, lo ideal sería que cuando vengan a Lima puedan pasar por otras ciudades del Perú que es algo que reclaman mucho. El diálogo internacional y la posibilidad de generar una circulación de productos culturales hacia el interior es un tema pendiente.

El próximo año hay varias cosas de la programación que cuando las compartamos y las veas, notarás que días antes los artistas pasarán también por Bogotá o Chile, por ejemplo.

Como se ve con la Sociedad Filarmónica o TQ Producciones
Así es.

El Gran Teatro Nacional además ha tenido otro acercamiento internacional interesante con Ópera Latinoamérica. Cuéntenos más al respecto.
Sí. Nos invitaron porque algunos teatros involucrados en Ópera Latinoamérica ya nos conocen y nos recomendaron formar parte de esto. Este año estuvimos como observadores y éramos como el invitado nuevo en la fiesta que todo el mundo tiene curiosidad por conocer. Tuve la oportunidad de mostrarles el teatro a los representantes de la región. Esto abre un camino que no es inmediato porque la programación de ópera en la región tiene un tiempo de planificación. Yo les comentaba que nosotros como teatro no somos productores sino que somos la casa de la productora del Estado, que es el Coro Nacional, y que además somos sede de otras dos entidades que durante años han sido generadores de las temporadas líricas en Lima: Romanza y el Festival Granda. Así que contamos un poco sobre estas tres unidades de producción y esa información se comparte con todos.

La relación con Ópera Latinoamérica es muy interesante respecto a lo que pueda generar en producción de espectáculos líricos, pero además sirve para lo que comentaba antes: sentarse con otros teatros y participar de una red. Así como hablas de ópera, hablas de danza, de música, entre otros temas. Dialogas y generas sinergias en relación con otras artes escénicas.

La Orquesta Sinfónica Nacional del Perú durante una función en el Gran Teatro Nacional (Fotografía: GTN / Ministerio de Cultura)

La Orquesta Sinfónica Nacional del Perú durante una función en el Gran Teatro Nacional (Fotografía: GTN / Ministerio de Cultura)

* * *

Ahora hablemos de las relaciones con otras organizaciones culturales peruanas, ¿cómo es el trabajo y cuál es el apoyo hacia las entidades privadas?
Al no ser en esencia una unidad de producción, lo que ofrecemos es una infraestructura que gestionamos a través de un tarifario público que puede ser consultado por cualquier persona. No es lo mismo una empresa privada que una asociación cultural sin fines de lucro. Entonces el aporte que buscamos es generar una tarifa lo más amable posible para que los promotores tengan una mejor facilidad de acceso a la infraestructura. Luego, y no es por echarnos flores, creo que todos los que vienen encuentran no solo una infraestructura, sino también un grupo que está dispuesto a sacar las cosas adelante. Nuestro equipo humano busca soluciones, se reúne con los interesados para ver cómo rentabilizar el tiempo para trabajar.

Siempre buscamos que el promotor privado se encuentre cómodo aquí. Nosotros vemos cómo va la venta de todos. Nos interesa que se venda, que el público llene el teatro y se vaya contento. Para eso tenemos una oficina de comunicación propia que está constantemente en diálogo con promotores privados, para ver por dónde darles el apoyo y qué tipo de respaldo adicional podemos hacer.

¿Y cómo es la relación entre el Gran Teatro Nacional con el Ministerio de Cultura, en asuntos de presupuesto y también de cambios ministeriales durante el actual gobierno?
Desde su inauguración, el Gran Teatro Nacional ha pasado por dos ministros: Luis Peirano y Diana Álvarez Calderón (actualmente en el cargo). La verdad es que en ambos casos creo que lo han tenido muy claro. Ellos, los viceministros y las altas direcciones, han entendido la importancia de sostener esta infraestructura a nivel técnico, respetando el presupuesto para el mantenimiento y la operación de este espacio, que es como una casa delicada, como un yate. Si tratas a un yate como si fuese un barquito cualquiera se va a estropear. Aquí no se puede dejar que un foco se queme, si sucede hay que cambiarlo al día siguiente. Tampoco se debe pasar la fecha de mantenimiento de la mecánica teatral ni mucho menos se puede dejar de capacitar al personal. Es algo que hemos respetado, que la hemos peleado en presupuesto y que se debe seguir respetando. Entonces, así como se ha entendido que la máquina hay que cuidarla, también se ha comprendido que el servicio que brinda el teatro es una cosa que no se puede descuidar.

Cuando el público viene al teatro se siente muy orgulloso de ver la infraestructura, pero también nota que cuando entra a este espacio recibe un buen trato y atención, un buen servicio en general. Así que ambas direcciones han sido consecuentes en que todo esto no se puede perder y el servicio debe ser propio de un Gran Teatro Nacional, no el de un auditorio cualquiera. Debemos tener la valla más alta en lo que es el servicio. Nuestra función no es ganar dinero. Ninguna infraestructura así como esta es autogestionable, requiere una ayuda, un soporte estatal y privado. Cuando se trata de algún espectáculo con los Elencos Nacionales te das cuenta que el Estado subvenciona hasta 50% de tu butaca si eres estudiante, por ejemplo. El Ministerio de Cultura ha entendido esa función y la cumple. Sucede también cuando la Sociedad Filarmónica, el Festival Granda o un artista nacional acceden a una tarifa preferente para que todo no esté soportado en la taquilla y el artista peruano o internacional llegue al público de la manera más asequible posible.

Por otro lado, este año hemos pasado los 60 mil niños estudiantes que han venido a vivir una experiencia en relación con las artes escénicas, no a este teatro, sino en general. Y pueden decir “¿cuánto dinero genera esto?”. No, no genera dinero, es una obligación del Estado y del Ministerio de Cultura. Se cumple esa labor de accesibilidad para colegios públicos y privados porque ahora ya no es un tema de poder adquisitivo para que tengas una primera buena experiencia de acercamiento con las artes escénicas. Si no lo hace el ministerio, ¿quién lo hará?

De hecho, puedes tener apoyo de entidades privadas, pero en general el soporte presupuestal está cargado a Cultura. Pese a la carencia de recursos, sabemos que el presupuesto del Estado al sector es menos del que recomienda la UNESCO, ambas direcciones se “compraron el pleito” y dijeron “tenemos esto, debemos aprovecharlo al máximo y hacerlo lo más asequible posible”. Nosotros podríamos abrir el teatro dos veces a la semana, no tener un programa de formación de públicos y reducir gastos, pero cuando asumimos trabajar en este teatro trazamos el plan que no solo es presentar a una orquesta, sino también apoyar al privado, por eso el GTN es un espacio que está vivo la mayor cantidad de horas al día. En la mañana podemos hacer visitas guiadas, en la tarde un concierto en el foyer. No queremos que el teatro esté infrautilizado.

Efectivamente, revisando la programación uno puede ver que el GTN ha estado en actividad todas las semanas del año incluso con visitas guiadas.
Sí, es un poco esquizofrénica, ha tenido muchísimo; los que estamos involucrados pensamos en cómo ordenarnos y sacar un aprendizaje de todo esto. Cómo aprovechamos la mayor cantidad de tiempo posible, cómo  generar actividades didácticas en las salas de ensayo, en el foyer, con las visitas guiadas, con un concierto un sábado por la mañana o un sábado por la tarde. Se trata de sacarle el jugo al máximo posible y demostrar cuánto se puede hacer. Creo que justo en los primeros años de gestión de un espacio como este es importante demostrar cuánto es capaz de hacer un Gran Teatro Nacional en una ciudad como Lima y en un país como Perú. De alguna manera sentamos precedentes y marcamos líneas para cuando los cambios ocurran, se diga: “bien, se hizo esto, se pudo hacer mejor, claro que sí. Pudo ser muchísimo mejor, también”. Sinceramente, creo que lo hemos hecho bien.

Todo esto es para que cuando haya un cambio de gobierno y tengamos nuevo presidente, nuevo ministro y nuevas directivas, ellos tengan la foto clara para saber si continuar con lo mismo, si priorizar unas cosas frente a otras. El ejercicio está hecho. El cambio de Gobierno nos va a pillar con cuatro años de actividades, ya no se hablará de lo que podríamos hacer sino de lo que hemos hecho y cómo mantener una continuidad.

Esto me recuerda cuando en diciembre de 2009 se puso la primera piedra para la construcción del teatro y el entonces presidente de la República Alan García dijo que el GTN debe hacer de Lima una gran capital del Pacífico. Es decir, parece que el objetivo de este espacio estaba claro desde un inicio y, ciertamente, como usted comenta, esta administración también ha sabido cómo gestionarlo. Muy al margen de que sea el programador del Gran Teatro Nacional, ¿qué pediría a los candidatos presidenciales para seguir impulsando el sector Cultura?
Hace unos días estuve en Chile y participé en un foro hablando sobre la formación de audiencias. Ahí compartimos mesa con chilenos, uruguayos, argentinos y británicos y comentábamos el éxito de políticas culturales que, sin irme a Europa sino viendo a nuestros vecinos como Colombia, Chile y hasta México, tienen una continuidad que está más allá de cuál sea su color político.

Creo que si el gobierno anterior decidió e hizo una apuesta clara en la creación de esta infraestructura, la continuidad que le ha dado la administración que está por terminar (Humala) en cuanto a ponerlo en marcha, seguir la apuesta, asignarle un presupuesto, darle personal, abrir sus puertas y demás, es positiva. Es decir, creo que somos un ejemplo de que las cosas se pueden hacer con continuidad más allá de quién esté gobernando.

Quienes vengan y a quienes les toque la responsabilidad de dirigir la política cultural del país lo primero que tendrán que hacer es mirar cuáles son esos logros que se han conseguido en los primeros años del Ministerio de Cultura y en los primeros cuatro años del GTN; cómo se han gestionado a los Elencos Nacionales en los últimos cinco años; qué tipo de apoyo se ha dado a los gestores privados, a los actores culturales; y creo que va a tocar una revisión de eso, para rescatar todo lo positivo y corregir las equivocaciones. También asumir la responsabilidad de estar al frente de la gestión de los espacios culturales.

Nosotros, definitivamente, en cuatro años hemos generado una política cultural para lo que es la gestión de un nuevo escenario, esto no es casual, es lo que pensamos quienes tomamos esta responsabilidad. Todo siempre se podrá hacer mejor y corregir. Los hubiéramos no existen. Esta es la foto que podemos dejar en cuatro años de gestión.

Además, ¿sabes qué cosa también es importante? Si ves la programación del GTN encuentras eventos que te pueden interesar más y otros menos, dependiendo tus gustos, pero en general tienen una calidad indiscutible. Si ves todo incluso desde una distancia mayor, notarás que no solo es una sucesión de eventos, sino que apunta a lo que hablábamos al inicio, que este es un espacio que responde a nuestra diversidad cultural, que cumple con una misión educativa y también una labor de internacionalización, para ver lo que hay afuera y para internacionalizar a los artistas de nuestros elencos. Es decir, tiene muchas funciones.

No es, entonces, un teatro de alquiler como muchas veces pretenden llamarlo
Creo que ese era uno de los temores al principio.

Incluso se habló de un proceso de concesión que, finalmente, no se concretó
Sí, no se concretó porque se determinó que no era la mejor manera de gestionar algo en lo que el Estado había invertido un dinero importante. Además, pienso que fue una decisión correcta para demostrar que el Ministerio es capaz de generar una política cultural sobre un escenario como este. No hablamos de un espacio cualquiera sino del Gran Teatro Nacional. Obvio que hay unas fórmulas de gestionarlo a nivel administrativo que serían mucho más fáciles y ágiles si no dependieran de este despacho; porque el Ministerio tiene una estructura “dura” que requiere un control, y el Estado tampoco está acostumbrado a gestionar espacios como un teatro. Sin embargo, ha demostrado que en cuatro años es capaz de tener la agilidad de acción y capacidad de gestión para resolver el día a día de una infraestructura que además requiere de rápidas soluciones.

Viéndolo de esa forma, entonces, el Gran Teatro Nacional podría ser la institución pública más amigable que hay en la actualidad.
Me encantaría que alguien lo califique así. Lo digo con mucho orgullo. He trabajado para el sector privado y público aquí y afuera; soy un defensor de que el sector público es capaz de más de lo que uno cree y que esa insignia de que es torpe, incapaz y corrupto no debería darse. Sobre todo en temas de cultura y sobre todo cuando tienes una infraestructura como esta. Estamos buscando fórmulas para que la administración sea más ágil en ciertas cosas, que nos permita generar mayor movilidad de actividades de artistas, pero paso a paso. Eso le toca al siguiente.

El Ballet Nacional del Perú ensayando en el Gran Teatro Nacional (Fotografía: GTN / Ministerio de Cultura)

El Ballet Nacional del Perú ensayando en el Gran Teatro Nacional (Fotografía: GTN / Ministerio de Cultura)

* * *

Ahora hablemos sobre el interesante programa de formación de públicos, ¿qué estrategias utilizan para captar nuevas audiencias y aficionados a las artes escénicas?
Cuando asumimos la gestión de este espacio pensamos en cómo es el teatro que soñamos y qué funciones debe cumplir. Claro, presentar grandes espectáculos, generar dinero. Pero nosotros creemos que, además, tiene que ser ese espacio que fomente el acercamiento de nuevo público que es un problema que tenemos todos: gestores, productores, artistas nacionales e internacionales. En su momento se habló del boom del teatro, sobre todo, de las artes escénicas, cuando empezaron a llegar los grandes artistas y los grandes conciertos. Pero como sociedad, nosotros no tenemos una costumbre de consumo cultural. El reconocimiento del valor que tiene el consumir cultura se aprende en los primeros años de nuestra vida. No digo que tú y yo a la edad que tenemos o alguien que tiene 10 años más que nosotros no pueda volverse un asiduo o tener una primera experiencia, pero es más complicado, porque tus gustos ya se marcaron junto a tus hábitos en general. La edad escolar, sobre todo niños y adolescentes, es la mejor para sembrar esto. En esa época todos somos mucho más permeables. Y es ahí cuando uno decide qué deporte nos gusta, lo que nos gusta bailar, escuchar, ver y en qué invertir nuestro ocio.

Además de la capacidad de asombro y descubrimiento de las cosas…
Sí. Estás en ese momento en que abres los ojos más grandes, en el que te dejas sorprender, eres más dúctil y, claro, tenemos unas competencias bárbaras sobre cómo ocupar el ocio. Están los grandes centros comerciales, la televisión que es la que es, y todo lo que se nos puede ofrecer de manera masiva y casi violenta en nuestro día a día. Así que ahí nosotros hicimos la apuesta respaldada por el Ministerio de Cultura.

“Tenemos que cumplir con la función de presentarte a ti, estudiante, niño, adolescente, de colegio público o privado, que esto también existe. Ya luego vemos si te interesa, si quieres seguirlo, pero mi función como Ministerio de Cultura, como Estado, como Gran Teatro Nacional, es al menos brindarte la posibilidad que veas de qué se trata esto”. Para lograrlo nos hemos basado en experiencias similares que existen en otras partes del mundo y adaptarlas a nuestra realidad.

Lo primero es romper con los mitos de “qué moderno es esto”, “qué grande es esto”, “qué culto y aburrido puede ser esto”, “no me voy a saber comportar”, “debe ser muy caro”, “yo nunca he ido, no sé ir ahí”. Entonces te invitamos, te mostramos que esta casa también es tuya y por eso hacemos visitas guiadas, que buscan generar un valor de conciencia de ciudadanía, de reconocimiento y orgullo.

Aquí no se trata de traer a un chico de 10 o 15 años y sentarlo para un concierto de una hora con 50 minutos y decirles “ya, come ballet, come orquesta”. Si viene por primera vez no lo vamos a fusilar.

Es todo más didáctico.
Así es. Se diseña un espectáculo de 40 minutos de duración, en complicidad con otros artistas nacionales e internacionales que se ponen a disposición de nuestro programa, para captar la atención de un chico, que cada vez es más complicado en estos tiempos. Luego reservamos un espacio para el diálogo porque el niño también tiene preguntas y necesita comunicarse con el artista. De eso se trata “Formación de Públicos”, de generar realmente experiencias que sean pensadas y diseñadas para ese tipo de público.

En paralelo hemos preparado otras actividades que son muy demandadas por personas diversas, adultos, adultos mayores, familias, jóvenes. También hacemos conciertos en el foyer.

Y estos eventos son gratuitos…
Así es. Ahí participan músicos de nuestros elencos, invitados, músicos del conservatorio y de otras facultades y universidades. El teatro ha generado un acercamiento de un público curioso que fue en muchos casos para el que creamos la Guía del Aplauso. A algunos les hacía gracia y otros lo agradecían mucho. Y es que cómo decirle amablemente a alguien que está viniendo a esta casa sobre las reglas, pero sin ser violento ni que lo violentes, ni que lo hagas sentir que es inadecuado o que no es su lugar, si lo que queremos es justamente que venga y se sienta cómodo. Hay muchas maneras de comunicar cuáles son los códigos.


Conoce más sobre el programa Formación de Públicos

En el Gran Teatro Nacional he escuchado ovaciones, he visto gente emocionada gritando, pidiendo bises, no he escuchado abucheos, ¿se ha abucheado en el GTN?
Yo creo que no, eh. Tampoco he escuchado abucheos.

A propósito de la Guía del Aplauso, este tema tiene posturas diversas e interesantes. Recuerdo una entrevista que Plácido Domingo ofreció a Russia Today en la que detalló cómo pidió a la Metropolitan Opera House quitar del programa de mano la recomendación al público de “no interrumpir el espectáculo con el aplauso”. El tenor dijo: “el público va a aplaudir de cualquier manera si es algo que tienen que aplaudir”. Personalmente, pienso que el tema del aplauso debiera ser espontáneo. ¿Cómo consideran ustedes ese aspecto?
Creo que el tema del aplauso y la emoción deben ser espontáneos y de eso se trata el arte. Se trata de generar emociones.

Así es…
Pero también es cierto que hay una serie de códigos que conoces tú, que conozco yo y que conoce Plácido Domingo. (Pausa) Nosotros estamos como que en un paso anterior. Yo creo que si alguien se va a emocionar y va a gritar bravo, lo hará, ¿no? Lo que nosotros damos es un poco de ese panorama, de las formas habituales. No se trata de ser restrictivo ni decirles “todos callados y con los brazos cruzados” como si esto fuese un colegio. Creo que si alguien viene por primera vez a este lugar sí hay que darle ciertas pautas para que conozca y disfrute mejor. Eso no quiere decir que no vaya a aplaudir al final. Hay directores de orquesta que, cuando la gente aplaude, voltean y hacen callar, lo he visto en varios escenarios, y después la crítica también los destruye (risas). El libre albedrío que señalaba Plácido Domingo creo que está suponiendo también que hay una norma preconcebida. No es lo mismo alguien que va por primera vez, que alguien que es un habitual. Con esto decimos cuáles son los usos y costumbres en este espacio nuevo y lo hago para que te sientas cómodo. Luego está tu libertad y emoción que pueda generar el arte que vas a contemplar, pero creo que sí es la responsabilidad de uno el brindar las pautas básicas en este nuevo patio de juego que vamos a compartir. No creo que sea decirle a la gente “usted no aplauda hasta el final, por favor no nos interrumpa”. No, eso sería un acto antipático que ocurre en algunas partes del mundo, no es nuestro caso.

Yo recuerdo haber asistido a un concierto en el que decían “por favor, rogamos esperar hasta el final de la obra para aplaudir”.
¿Aquí?

Sí.
¿En el escenario?

Así es
Bueno…

Es que a veces son preferencias de cada artista, ¿no?
Recuerdo alguna vez que en un evento que hicimos en el foyer, un director me pidió decir al público que no aplaudan entre movimientos. Entonces lo explicamos: “vean, para los que vienen por primera vez, esta es una pieza con tres momentos y la continuidad tiene una lógica que el artista prefiere la conozcan así, entonces para que ustedes la puedan disfrutar mejor nos vamos a contener la emoción hasta el final porque tiene una pauta muy específica”. Yo creo que son casos muy precisos. A la larga, pienso que el público lo agradece, tanto el habitual como el nuevo al que le sirve esto para no sentirse un poco perdido.

Y el debate no tendría fin…
Claro, nos podemos pasar horas hablando sobre si nos emocionamos o no o cuánto nos debemos emocionar o cuánto también tu emoción puede fastidiarme.

Exacto.
Es también un tema de empatía con el resto del público, es lo que tiene la vida en comunidad. Son parte de las reglas de convivencia.

* * *

En una conferencia que usted dio hace un tiempo, comentaba que diversas personas interesadas en la gestión cultural señalaban que están en este sector por amor al arte o porque disfrutan mucho de la cultura, pero en algunos casos no se hablaba sobre el tema como una profesión. ¿Actualmente cómo está el Perú en materia de gestión cultural?, ¿ya se está comprendiendo que esta es una especialidad profesional que puede generar rentabilidad como cualquier otra?
Creo que hay una profesionalización del sector cultura en general. Creo también que hay más gente que se involucra en estos tiempos desde el lado de la gestión o desde el lado del arte, de la creación, entendiendo que lo que está haciendo es un trabajo.

Este es un sector con profesionales como cualquier otro y por lo tanto tiene sus normas y reglas de trabajo como cualquier otro. Yo vengo aquí todos los días, al igual que el bailarín viene a trabajar todos los días, etcétera. Creo que se está reconociendo al sector cultura desde afuera como uno más igual de productivo. A veces en los programas de Formación de Públicos los niños preguntan a los bailarines “¿en qué trabajas?” y ellos contestan “este es mi trabajo”. Eso es una tarea que todavía nos toca cumplir desde adentro, cuánto nosotros estamos valorando lo que hacemos, ya que por más pasión y deseo que tengamos para hacerlo, esto es un trabajo.

Alguien, por ejemplo, podría tener una postura distinta sobre la existencia de un Ministerio de Cultura, pero es importante que el sector cultura esté en una misma mesa de debate con el señor de Energía y Minas, con el señor de Trabajo, de Salud y Educación. Es el reconocimiento del sector y pasa también por nosotros: es romper con esa idea de que somos el alma de la fiesta y que como nos gusta hacerlo lo hacemos por nada o gratis.

Luego también se debe visibilizar cuál es el aporte del sector Cultura a la sociedad de la que todos formamos parte. Por un lado, hay un aporte que se mide económicamente: nosotros ya hemos comenzado a echar números sobre cuánto dinero mueve el sector Cultura en el país, cuánto dinero se genera cada vez que se hace una función aquí, cuántos empleos se generan, cuánto se vende, cuántos taxis se mueven, cuántos restaurantes atienden después de algún espectáculo. Es decir, hay toda una maquinaria financiera alrededor de cada actividad cultural. Por otro lado, hay algo que no tenemos que perder de vista y es ese aporte que hace el sector cultura y no se puede medir económicamente: debemos ser claros en decir también que nuestro aporte es generar mejores ciudadanos, personas que reconocen y son más ricas porque tienen un acercamiento al arte, una vivencia con el folclore, con la música, con la danza, que te hace un mejor hijo, un mejor padre, que estimula esas otras cosas que conforman al ser humano. No es poesía ni palabrería, es algo real y está ahí. Los niveles de felicidad no son económicos.

Creo que el sector Cultura tenía un pendiente que comienza a cumplir y es visibilizar su aporte a la sociedad, el económico y el que no solo se ve en las cifras, y es una labor que también nos toca hacer a nosotros. Nadie de otra industria va a venir a decírtelo, es nuestra labor y ahí es importante la profesionalización de la gestión: no solo generar hermosas experiencias y actividades, sino también saber explicarlo.

Demostrarlo con estudios.
Con estudios de impacto, generando indicadores, que es una labor que hace el Ministerio, muchos actores de la cultura y que nosotros desde el teatro también nos hemos preocupado en hacerlo. Es una inversión, además, porque es lo que sustentará la continuidad de una política.

Entonces hay esperanza para este sector en el Perú
¡Claro! Si no fuera así, no estaríamos aquí conversando sobre esto. Siempre pueden haber mejores iniciativas y siempre pueden mejorarse las políticas. Hay muchísimo por hacer y aprender de nuestros países vecinos. Es un camino y un recorrido que estamos haciendo, quizá más lento del que quisiéramos, pero se está haciendo. En ese sentido, creo que la existencia del Ministerio de Cultura es básica; la asignación de un mejor presupuesto sería ideal.

Ojalá que quien venga, el nuevo gobierno, entienda que la apuesta por una política cultural clara, de continuidad y de reconocimiento del sector es importante.

¿Qué tiene preparado el Gran Teatro Nacional para el 2016?
Un montón de sorpresas extraordinarias.

¿Un adelanto?
Puedo decir que el Ministerio de Cultura mantiene la apuesta de funcionamiento al máximo del teatro. Que los Elencos Nacionales seguirán demostrando el crecimiento que van teniendo, las asociaciones culturales y sectores privados también seguirán presentes.

Continuaremos atendiendo a nuestro público más diverso con una oferta lo más variada posible, siempre buscando la excelencia. Así que el 2016 va a traernos mucho ballet, mucha danza, mucho folclore, mucha música clásica, de los greatest hits, pero también mucho contemporáneo. Además la presencia a nivel de relaciones internacionales con la región se visibilizará mucho más el próximo año.

¿Qué día arranca la Temporada 2016 del Gran Teatro Nacional?
Empezará el viernes 5 de febrero.

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