Salzburg Chamber Soloists: Una celebración a la música

Salzburg Chamber Soloists

Por Juan Pablo Goycochea (@Campi___)

El tercer concierto de la Temporada de Abono 2015 de la Sociedad Filarmónica de Lima (SFL) se realizó el pasado sábado 16 de mayo en el  Auditorio del Colegio Santa Úrsula con un programa variado a cargo de los Salzburg Chamber Soloists con su concertino y director Lavard Skou-Larsen, no siendo esta la primera vez que dicha agrupación viene a Lima, ya en octubre del 2008 –también por medio de la SFL– había ofrecido un concierto en el mismo escenario.

En esta ocasión los Solistas de Cámara de Salzburgo llegaron con el reconocido pianista Andreas Klein con quien presentaron una de las obras más representativas del grupo: el Concierto para Piano Nº 4 de Ludwig van Beethoven. El resto del programa estuvo compuesto por Adagio y Fuga para cuerdas en do menor KV. 546 de Wolfgang Amadeus Mozart; el Preludio de la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner (arreglo para cuerdas de Sebastian Gürtler) y Noche transfigurada op. 4 de Arnold Schönberg. Este programa también lo repitieron el lunes 18 y martes 19 de mayo en Santiago de Chile, como parte de su gira latinoamericana del 2015.

Esta agrupación fue formada por su actual director y concertino, Lavard Skou-Larsen con la idea de un enfoque más de solista por parte de cada uno de sus integrantes. Rápidamente la agrupación tuvo éxito y actualmente se presentan en diversos países como Estados Unidos, Canadá, Alemania, su Austria natal, Francia, Suiza, entre otros; en escenarios como la Philharmonie de Berlín, el Concertgebouw de Amsterdam, el Théatre des Champs-Elysées, el Teatro Colón y otras grandes salas de concierto. Teniendo a Mozart como parte de su repertorio habitual realizaron una gran cantidad de conciertos con obras de este compositor en su aniversario número 250 en el 2006 y desde el 2008 se presenta regularmente en actividades vinculadas al Mozarteum de Salzburgo.

Andreas Klein es un pianista alemán que ha recibido críticas muy favorables tanto en Europa como en otras partes del mundo, muestra de ellos son los comentarios hechos a sus grabaciones e interpretaciones en vivo, tales como la del Concierto para piano Nº 13 de Mozart y el Concierto para piano Nº 4 de Beethoven. Completó sus estudios de piano con grandes maestros como Claudio Arrau y ha llegado a presentarse en ciudades europeas como Roma, Milán, Berlín, Viena, Leipzig, Dresde, en otras de Estados Unidos y en diferentes capitales de países latinoamericanos. Varias de esas giras y presentaciones acompañado con los Solistas de Salzburgo.

El último concierto de la temporada empezó con el Adagio y Fuga para cuerdas de Mozart, que es una transcripción para cuarteto de cuerdas de la Fuga para dos pianos KV. 426 y la adición de un adagio escrito especialmente como preludio de la obra para cuerdas. Satisfactoria versión de los Solistas de Salzburgo sobre todo en la fuga, parte en la cual lograron mostrar la individualidad que caracteriza a sus integrantes para presentar las cuatro voces de la fuga y a la vez sonar como un todo. Una rica experiencia la de escuchar ese adagio con el carácter necesario y trágico además de la gran fuga que la sucede. La siguiente obra del programa seguía la misma premisa e inquietud que tuvo otro concierto el mes pasado en el mismo escenario: la reducción de la parte orquestal a una exclusivamente para conjunto de cuerdas. En esta ocasión fue el Concierto para piano Nº 4 en sol mayor op. 58 de Beethoven con el que, en definitiva, es más difícil lograr una adecuada reducción orquestal debido a que este compositor le daba un papel más determinante y de desarrollo a la orquesta que los compositores anteriores a él o los de su época, incluso por delante de varios que pertenecieron al primer romanticismo tras el mismo Beethoven. Para quienes conocen dicho concierto puede ser difícil acostumbrarse al sonido de varias cuerdas reemplazando al sonido de las maderas, metales (agregando a eso la ausencia del timbal); pese a ello, escuchamos una versión valiosa en cada uno de los tres movimientos que conforman el concierto, una orquesta cohesionada y que se entiende muy bien con el pianista Klein, quien a su vez dio una hermosa exhibición, jugando de gran manera con los rubatos y los matices. Una interpretación con mucha inspiración por parte del solista y el grupo dirigido por Skou-Larsen haciendo de este concierto uno de los momentos más bellos de la velada.

De aquella noche, la parte en la que más se sintió la diferencia de orquestación y la reducción fue en el Preludio de la ópera Tristán e Isolda de Wagner, donde los distintos timbres y grupos sirven tanto para el desarrollo de temas como para una representación de sentimientos, estados de ánimo y hasta color. El mayor ejemplo se da en el famoso “acorde de Tristán” que sería de vital importancia para los compositores posteriores quienes comenzaron a ir más allá en cuanto a la ruptura de la armonía romántica y la búsqueda de la atonalidad. Este acorde disonante (musicalmente) y misterioso o desalentador (auditivamente) tiene como principal característica una armonía donde destaca la participación de las maderas tales como los oboes, los clarinetes, el corno inglés y los fagots; una versión de esta parte con sólo cuerdas pierde mucho en cuanto al carácter real en el inicio del preludio y así en las ocasiones que vuelve a aparecer a lo largo del mismo, sin necesariamente sonar mal en las cuerdas de la agrupación europea. La contraparte: que los cuatro grupos (violines, violas, cellos y contrabajos) estuvieron en gran nivel mostrando sus partes reales (las que fueron escritas para cada instrumento original), el arreglo no deja de ser bueno y la versión ofrecida tampoco deja descontentos a los presentes, pero en ese momento del concierto sí se sintió un vacío tímbrico –y emocional si se quiere– que las cuerdas no pueden llenar ante la ausencia de las maderas, principalmente. Un resultado mucho mejor se tuvo con el sexteto para cuerdas (2 violines, 2 violas, 2 cellos) op. 4 de Arnold Schönberg titulado Noche transfigurada, que siendo estrenado en 1902 fue arreglado para orquesta de cuerdas por el propio compositor 15 años más tarde, siendo esta su primera obra representativa de las que irían abriendo la puerta hacia la atonalidad y al desarrollo de su técnica dodecafónica (los doce sonidos sin un centro tonal). A pesar de contar con cromatismos y acordes disonantes que nos hacen sentir al borde de la atonalidad, Noche transfigurada sigue siendo una obra tonal o al menos su estructura aún nos permite reconocerla en el trascurso de la obra, iniciando en re menor y culminando en re mayor, como una “transfiguración” tonal siendo esa transfiguración uno de los temas principales del poema homónimo de Richard Dehmel del cual Schönberg se inspiró para su obra musical. Fue muy curioso reconocer que tanto las obras de Wagner y Schönberg presentadas esa noche contienen hallazgos que resultarían claves para el estilo atonal del siglo XX, aunque con resultados un tanto distintos en la interpretación. Aquí los Solistas expusieron de gran manera todos los temas y los efectos cromáticos. Fue admirable estar presente en un concierto donde, más allá de lo aquí expuesto con referencia a Wagner, todas las obras ofrecidas contaron con un nivel de calidad muy alto y difícilmente podría elegirse a una de ellas como lo mejor de la noche (a menos que se use el criterio de preferencia entre uno y otro compositor). Fue un concierto parejo de principio a fin y con intervenciones sobresalientes por parte de los integrantes de los Solistas de Salzburgo de la mano de su experimentado concertino y director.

Pero esa excelencia musical y los aplausos no quedarían allí pues llegaron los “encores”. Primero fue el Chant et Fugue (Canto y Fuga) de Astor Piazzolla y, para cerrar con broche de oro esta presentación, el Lamento de Alfredo da Rocha Viana Filho, más conocido como Pixinguinha, uno de los máximos exponentes del choro en el siglo pasado, siendo el Lamento una de sus piezas más conocidas. En esta parte Moisés Irajá dos Santos, uno de los segundos violines, dejó su instrumento y sacó un pandero con el que recorrió el escenario bailando y tocando con alegría. Un espectacular cierre de concierto que fue agradecido por el público.

Una nueva demostración de la excelente labor que realiza la Sociedad Filarmónica de Lima trayendo a notables solistas y agrupaciones que dejan siempre satisfechos a los asistentes. Seguiremos atentos a las actividades de la Filarmónica, ya que este mes nos esperan precisamente cinco grandes conciertos organizados por dicha institución que empiezan esta noche con los Interpreti Veneziani.

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