Lucia y la exaltación del bel canto

Jessica Pratt protagonizando Lucia di Lammermoor (Fotografía: Coro Nacional del Perú)

Jessica Pratt protagonizando Lucia di Lammermoor (Fotografía: Coro Nacional del Perú) / Imagen del último ensayo con vestuario

CRÓNICA   |   VIII Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda. Gaetano Donizetti: Lucia di Lammermoor. Jessica Pratt, Arnold Rutkowski, Julian Kim, Marko Mimica, Juan Pablo Marcos, Edda Paredes, Dangelo Díaz. Coro Nacional del Perú, director: Javier Súnico. Orquesta del Festival Alejandro Granda. Director: Carlos Izcaray. Director de escena, escenografía e iluminación Allex Aguilera. Vestuarios: Adán Martínez. Asistente escenógrafo: Sergio Loro. Función del jueves 30 de abril de 2015.

Nunca, en los últimos tiempos, había visto al público peruano tan emocionado, tan sincero y tan enloquecido como anoche en la función final de Lucia di Lammermoor, ópera que volvió a Lima después de poco más de una década gracias al Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda y a su director artístico Ernesto Palacio.

En una entrevista, que realizamos en colaboración con el mismo Festival, el director de orquesta Carlos Izcaray dijo algo que quise destacar en esta publicación por su tono profético: “Esta Lucia será legendaria en el Perú” y vaya que sí lo fue. No lo digo yo, solamente, sino varios de los asistentes con los que tuve la oportunidad de conversar y las reacciones naturales del público lo demostraron.

Ya desde las primeras escenas, escuchamos a un Julian Kim firme en el escenario con una fuerza interpretativa vocal y escénica más que correcta. En el dueto con Lucia demuestra plenamente sus cualidades para ser el antagonista de esta historia. Intimidante, autoritario y enérgico. Se mantiene así a lo largo de la ópera, representando correctamente esa desesperación ante la decadencia de los Ashton.  El joven barítono coreano ha sido la verdadera revelación vocal y actoral de este Festival y el público lo premió con sonoras y duraderas ovaciones que él recibió, literalmente, con los brazos abiertos. Estamos seguros de que muy pronto tendremos gratas noticias de él.

El bajo croata Marko Mimica también sorprendió. El joven cantante resolvió las páginas de Raimondo satisfactoriamente tanto en sus intervenciones junto a Enrico (primer acto), Lucia (segundo acto) y Edgardo (acto final). Pero su punto más alto, definitivamente, fue en su emocionante escena (Ah! Cessate!… Dalle stanze ove Lucia). Al final de esta, merecidos aplausos para un artista que demuestra talento y futuro.

El Edgardo de Arnold Rutkowski estuvo anoche bien resuelto. Este es un personaje muy complejo que el tenor polaco ha desarrollado positivamente en momentos clave como en el primer acto, en donde debe ser apasionado en todo sentido, desde el amor a Lucia, hasta en su expresión de odio a la familia de ella. A continuación, después del sexteto, es capaz de demostrarnos la  ira contenida y su frustración luego de haber sido traicionado, ofreciendo una emocionante y conmovedora frase “Ah, vi disperda!”. En la escena de la Torre, junto a Kim, Rutkowski suelta todo su poderío vocal y, aunque se le percibe ligeramente cansado en su escena final, sabe desarrollarla adecuadamente.

Jessica Pratt en la escena final del segundo acto (Fotografía: Coro Nacional del Perú) / Imagen del último ensayo con vestuario.

Jessica Pratt en la escena final del segundo acto (Fotografía: Coro Nacional del Perú) / Imagen del último ensayo con vestuario.

A través de Edgardo llegamos a Lucia, la protagonista, que esta edición estuvo representada por la excelente soprano Jessica Pratt. En 2013 nosotros ya habíamos comentado su maravillosa presentación en Lima como Mathilde en Guillaume Tell; sin embargo, verla encarnando a la heroína de Donizetti, ya lo había profetizado Izcaray, ha sido legendario. Pratt es una comunicadora plena de emociones. Siempre con un canto bello, un sorprendente control de la respiración para lograr esos acariciadores pianísimos (en “Ah! Verrano a te…” o también en frases como “Alfin son tua…“), además de unos gloriosos sobreagudos que redondean y coronan su interpretación de Lucia. Como debe ser, su última aparición con la Escena de la Locura es realmente magistral y, anoche, desató todo tipo de comentarios positivos, extasiando al público limeño que no dejaba de gritarle “brava!” tras su extraordinaria y bien cuidada cadenza realizada junto a la flauta. Apenas se esfumó la última nota, la gente ovacionó sin parar y se escuchó lo que yo no pensaba pasaría en Lima tan pronto: empezaron a gritar “¡Bis!”, “¡otra, otra!”. Algo que, lamentablemente, no se cumplió, pero emocionó y resultó ser una señal de lo genial que estaba haciendo su trabajo la soprano Jessica Pratt. Su “Spargi d’amaro pianto” fue la conclusión de su gran escena que, finalmente, enloqueció a los peruanos y visitantes, quienes no dejaron de aplaudir incluso luego de que ella se fue tras el telón y empezó el cambio de escena. Nuevamente, desde arriba, algunos emocionados asistentes le gritaron “¡Diva absoluta!” y volvieron brevemente los aplausos. Sin duda, con Jessica Pratt, el Perú ha escuchado y sido testigo de una Lucia realmente excepcional.

Los tres peruanos que integraron el reparto fueron Juan Pablo Marcos, Edda Paredes y Dangelo Díaz. Todos muy correctos en sus respectivas intervenciones. El Coro Nacional del Perú dirigido por Javier Súnico también ha demostrado sus grandes cualidades como conjunto vocal; no obstante, sus movimientos escénicos no eran los más adecuados, desplazándose siempre en bloques.

Las escenas en conjunto también tuvieron grandes resultados, siendo el punto máximo el esperado sexteto Chi mi frena in tal momento.

La Orquesta del Festival Alejandro Granda estuvo correcta en esta última función, aunque con puntos débiles en algunas secciones, como los cornos. La dirección de orquesta del venezolano Carlos Izcaray fue cuidadosa y enérgica en momentos precisos como el final del segundo acto.
Sexteto de Lucia di Lammermoor. Imagen del preestreno (Fotografía: Gran Teatro Nacional)

Sexteto de Lucia di Lammermoor. Imagen del preestreno (Fotografía: Gran Teatro Nacional)

La producción, realizada por el regista Allex Aguilera, resulta minimalista, sobria y por momentos simbólica (la mesa roja en la escena Lucia – Enrico / Lucia – Raimondo; los pétalos de rosa cayendo al inicio de la Escena de la Locura o el final de la misma en que Lucia se cubre con su velo para “descansar en paz”). La escena tiene una iluminación focalizada en los protagonistas, aunque también llega a ser sombría en algunas ocasiones. El desplazamiento de los protagonistas fue adecuado y justo, con detalles sutiles a destacar. Por ejemplo: apenas termina la escena entre Enrico y  Lucia vemos que ya ingresó Raimondo, y justo antes de la salida del primero, ambos cruzan miradas y Ashton hace un gesto como ordenándole “ahora haz tu trabajo y convéncela”. Otro momento a destacar por sus movimientos es la Escena de la Locura, la cual pude ver desde diversos ángulos en el teatro (entre el preestreno del domingo y la última función de anoche) y el cuadro más bello se aprecia desde los pisos superiores, con un coro sentado y estático, pero una Pratt que aprovecha eso para desplazarse y exponer a una enloquecida y desolada joven, que no sabe qué más hacer, a dónde ir, ni a dónde mirar, en medio de su delirio (incluso justo antes de la frase “Ah! No, non fuggir, Edgardo”). Como siempre, muy bellos los trajes diseñados por Adán Martínez y su equipo.

Anoche, el público salió más que encantado por la presentación en su conjunto. Prueba de ello las ovaciones y griterío causado al final de la ópera, terminando todo casi a las 23:30 horas.

El Perú no solo debe enorgullecerse de tener un gran e importante festival de ópera, sino también a un inteligente director artístico como Ernesto Palacio, que selecciona y arma muy bien a sus elencos para presentar funciones memorables. Con esta Lucia di Lammermoor, el Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda, sin duda, se ha consagrado.

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Un comentario en “Lucia y la exaltación del bel canto

  1. Tuve el privilegio de asistir esta memorable Lucia di Lammermoor también. Hace mucho no se veía el público peruano tan entregado, pero la ocasión lo merecía. Los cantantes protagonistas fueron excelentes pero el barítono Julian Kim y la soprano Jessiica Pratt superaron todas las expectativas. Mucho se esperó del regista hispano-brasileño Allex Aguilera y las expectativas fueron colmadas sobradamente. Su visión, tal como lo dijo en sendas entrevistas, ha sido poética y centrándose en lo esencial, destacando, entre todos los aciertos, la escena del dúo entre Enrico y Lucia y luego entre Lucia y Raimondo. La escena de la locura lo vio como un teatro griego, con el coro apenas observando el drama de Lucia, potenciando así la soledad del personaje. Los hombres dándole la espalda en ese momento tan crucial y las mujeres señalándola con el dedo como culpable de su tristeza y locura. Todo un acierto la iluminación sombría y nocturna y el uso de los espacios por los solistas. Desde el inicio, percibimos la locura y la soledad de Lucia. Alissa nunca esta cerca de ella y esta distancia entre las dos fue interpretada magníficamente por Edda Paredes que con pocos gestos cumplió con la visión del regista. Con pocos recursos tanto material como de tiempo, el nivel artístico que se alcanzó en el Gran Teatro Nacional podríamos decir que fue todo un milagro. El público agradecido ovacionó a todos los integrantes de esta legendaria Lucia en el Perú. Habrá un antes y un después. Pena que solo fueron dos funciones.

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