Monumental apertura de Temporada en la Filarmónica

La BachAkademie Stuttgart fue ovacionada por más de cinco minutos al final de su presentación en el Gran Teatro Nacional (Fotografía: Pablo Macalupú Cumpén)

La BachAkademie Stuttgart fue ovacionada por más de cinco minutos al final de su presentación en el Gran Teatro Nacional (Fotografía: Pablo Macalupú Cumpén / Camello Parlante)


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No han tenido que pasar más de tres décadas para volver a escuchar la majestuosa Misa en si menor, BWV 232, de Johann Sebastian Bach, como sucedió hace tres años, cuando la misma Sociedad Filarmónica de Lima nos informaba que, ¡tremendo descuido!, la obra más grande del barroco no se presentaba en Lima durante tanto tiempo. En ese entonces llegó Helmuth Rilling, fundador del Gächinger Kantorei y Bach-Collegium Stuttgart, para dirigir de una manera extraordinaria esta obra en el Auditorio Santa Úrsula. Anoche, casi tres años después, la Filarmónica ha traído nuevamente a estos mismos conjuntos para presentar, por primera vez en el Gran Teatro Nacional, esa monumental composición y, de esta manera, abrir su Temporada 2015.

El Gächinger Kantorei y Bach-Collegium Stuttgart han llegado acompañados por Hans-Cristoph Rademann, el nuevo director titular de la Internationale BachAkademie Stuttgart (Academia Bach de Stuttgart); junto a ellos, la soprano Johanna Winkel, la mezzosoprano Ann Beth Solvang, el tenor Sebastian Kohlhepp y el barítono Markus Eiche.

Rademann, que fue discípulo del mismo Helmuth Rilling y del director belga Philippe Herreweghe, nos ha ofrecido una extraordinaria interpretación de la que destacaremos especialmente algunas partes. Por ejemplo, esa emotividad lograda desde los primeros compases del Kyrie, en el que el Gächinger Kantorei dice, con preocupación, dolor y sinceridad, “Señor, ¡ten piedad!”. Increíblemente expresiva en momentos clave como en Et incarnatus est, Crucifixus y Et resurrexit, en donde las voces y la orquesta son capaces de transportar a la audiencia a todo ese misticismo que rodea a la encarnación de Dios, el luto de la crucifixión y el triunfo de la resurrección. Realmente sublime en el Benedictus, cantado por Kohlhepp y acompañado por la flautista Catarina Laske-Trier; y también conmovedora en la suplicante oración del Agnus Dei, a cargo de Solvang; y el coro final Dona nobis pacem.

La apertura de temporada de la Sociedad Filarmónica de Lima no ha podido ser mejor: una grandiosa obra maestra dirigida e interpretada por artistas referenciales en este repertorio. Un acierto y demostración de que este año está cargado de grandes espectáculos para todos los amantes de la música. No pierda la oportunidad, compre sus entradas o abono.

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