Las lecciones de Joaquín Achúcarro

Maestro Joaquín Achúcarro presentará doble concierto en el Gran Teatro Nacional de Lima el 20 y 22 de marzo (Fotografía: Pablo Macalupú Cumpén / Camello Parlante)

Maestro Joaquín Achúcarro presentará doble concierto en el Gran Teatro Nacional de Lima el 20 y 22 de marzo (Fotografía: Pablo Macalupú Cumpén / Camello Parlante)

Ha terminado el ensayo con la Orquesta Sinfónica Nacional y el maestro Joaquín Achúcarro sigue pegado a la banqueta y a su piano de turno, el del Gran Teatro Nacional. Ambos estamos en el escenario, yo unos metros detrás. Desde mi punto, observo ese impulso perfeccionista que tiene el español para que todo vaya muy bien en su presentación con el primer elenco musical del Perú. En un atrevimiento mío, me acerco a él, que estaba revisando nuevamente el Concierto para la mano izquierda de Maurice Ravel, y extiendo mi brazo para saludarlo. Me da la mano y sonríe amable, moviendo la cabeza ligeramente en un gesto de cordialidad. En simultáneo, sigue tocando y lo hace mientras le saco algunas fotografías con su instrumento de trabajo. Momentos después, coordina unos detalles con el peruano Fernando Valcárcel, titular de la Sinfónica.

-Me da un gusto enorme trabajar con una orquesta que tiene ganas de trabajar, dice el famoso bilbaíno. “Los que hemos escogido un instrumento musical y queremos ser músicos, pues queremos serlo toda la vida, hacerlo mejor. El trabajar, el repetir y el buscar es maravilloso”, asegura Achúcarro con la emocionada mirada de aquel que ama lo que hace.

Su trayectoria es amplísima al igual que su buena reputación como intérprete: premios y reconocimientos, casi 60 países visitados, más de 200 colaboraciones con orquestas y con 358 directores.


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Joaquín Achúcarro nació en Bilbao en 1932 e inició su carrera a los 13 años, aunque su lanzamiento, como él mismo lo llama, fue en 1959 tras ganar la Liverpool International Competition. Un año antes, el primer premio se lo había llevado el legendario director de orquesta Zubin Metha. Su esposa Emma Jiménez asegura que antes de este concurso el joven Joaquín había ganado varios premios. Pero también interesa ver el otro lado.

-Maestro, ¿ha perdido alguna competencia?, le pregunto. – Ah, claro, claro que sí. Eso sucede en todas las vidas, menos en las historietas para niños que el bueno vence siempre y todas esas cosas.

El pianista está convencido de que lo importante en un caso así es aguantar la frustración y superarse. Estudiar y mejorar.

Ahora, con más de 50 años de vida artística, Achúcarro está bastante vinculado a las nuevas generaciones de músicos. Incluso su segunda presentación en Lima será junto a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, dirigida por Pablo Sabat.

En Dallas, donde ejerce la docencia, un grupo de personas creó una fundación con su nombre. “Es un homenaje de cariño y de hospitalidad. De reconocer el trabajo que he hecho a lo largo de los años y dejar mi legado a jóvenes pianistas que van a estudiar allá”, cuenta el maestro. Según él, los nuevos pianistas la tienen difícil porque son muchos más. Por ello es importante ir a fondo en una interpretación musical.

-Yo creo que hoy se vive tan deprisa que cuesta profundizar. Estas obras maestras tienen que echar raíces en nosotros, que acabemos viviéndolas y sintiéndolas como algo propio. A fuerza de contacto con ellas, repetirlas en conciertos, fuera de los conciertos, estudiándolas.

Estudio, palabra importante que debe ser tomada en cuenta por todo profesional. La experiencia y los años no te hacen sabio mágicamente. Importa mucho la humildad y autocrítica para saber que nunca se deja de aprender. Joaquín Achúcarro señala que no se siente autorizado en decir cómo ha evolucionado su interpretación musical a lo largo de su carrera; sin embargo, insiste en que todos los días quiere mejorar.

-Tiene más de medio siglo de carrera artística, ¿ya ha descubierto todos los misterios del piano?
-Nooo… ¡qué voy a descubrir todos! Cada día descubro algún misterio más, aunque sea un milímetro. Eso de que basta con un poco cada día, con tal de que cada día traiga ese poco. Eso es lo que busco. Sigo con muchas más ganas de aprender ahora que hace 50 años.

Joaquín Achúcarro ensaya con la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú dirigida por Fernando Valcárcel (Fotografía: Pablo Macalupú Cumpén / Camello Parlante)

Joaquín Achúcarro ensaya con la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú dirigida por Fernando Valcárcel (Fotografía: Pablo Macalupú Cumpén / Camello Parlante)

Pero hay más en la exitosa carrera de este artista que completó su formación en Siena a finales de los cuarenta e inicios de los cincuenta. Su esposa Emma Jiménez, también pianista, ha sido una asesora y mano derecha para Achúcarro. Admite que ella es su “peor crítica”.

Jiménez es una de las pianistas más prodigiosas que ha tenido España. A los 13 años obtuvo el Primer Premio Extraordinario del fin de su carrera, siendo la músico graduado más joven del país. Además formó un importante dúo con el violinista Félix Ayo, uno de los fundadores del conjunto I musici.

-Yo recuerdo haberme encontrado con él aquí en Lima y haber decidido, entonces, hacer un dúo en homenaje al presidente de la Sociedad Filarmónica de Bilbao que nos protegió a ambos y que un día me había dicho: “antes de morir quisiera veros a los dos en el escenario de la Filarmónica”. Félix Ayo y yo hicimos el programa. Él quería que siguiésemos haciéndolo, pero yo no podía. Fue mi esposa la que recogió el guante y dijo “yo lo haré”. Ellos estuvieron trabajando juntos por doce o quince años. Han hecho todas las sonatas habidas y por haber del repertorio de piano y de violín. Hay grabaciones de Radio Nacional de España que algún día, yo creo, serán algo muy importante.

Emma Jiménez y Joaquín Achúcarro (Fotografía: Fernando Frade)

Emma Jiménez y Joaquín Achúcarro (Fotografía: Fernando Frade)

En 1959 Joaquín había prometido a Emma casarse con ella si es que ganaba el concurso de Liverpool. Y así fue. Pero entre la competencia y el matrimonio hubo un concierto que él consideró desastroso, aunque la crítica le fue favorable. Cuando sucede eso, hay que pensar a fondo, recomienda Achúcarro.

-Hay colegas míos que dicen “No, yo no leo las críticas”. Bueno, me parece un error porque si varias críticas coinciden en alabar una cosa o en poner en duda otra, pues hay que pensarlo a fondo. Yo leo las críticas y algunas que me hacen buenísimas, como esas dos de los periódicos de Londres, me hicieron pensar: “¡pero estos señores se han vuelto locos, si he tocado malísimamente!”. Luego, puede suceder al revés: pensar que he tocado un concierto magnífico y tener una crítica mala. Nunca se sabe.


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Nuevamente en Lima, Achúcarro ensaya Ravel, Falla y Grieg para el viernes 20 y domingo 22 de marzo. Él disfruta mucho las obras de estos compositores; sin embargo, no me responde si son las que más le gustan porque hay mucho más. “Cómo puedo decir las que más me gustan y omitir los conciertos de Mozart, los de Beethoven, Rachmaninov, Chopin, el de Schumann o el de Grieg que voy a tocar con la orquesta joven”, argumenta. Para él todos son sus compositores preferidos: desde Bach hasta más allá de Stravinsky y Bartók. Pero entre los intérpretes uno solo marcó su vida: Rubinstein.

-Cuando él tenía mi edad, yo pensaba, y eso me da bastante moral: “no, a lo mejor es la última vez que lo oímos, mejor vamos a su concierto”. Yo he oído a Rubinstein más que cualquier otro pianista. Aprendí mucho de él y de mi conversación con él.
-Ha sido su guía…
-Sí. Una vez toqué para Rubinstein y luego pasamos una tarde maravillosa hablando de música, hablando de piano, hablando yo no sé… uno de esos días inolvidables.
-¿Qué tocó para Rubinstein?
-Toqué para él, primero, una sonata de Schubert; luego, Fantasía de Schumann; después, tuve la gran satisfacción de decirle “maestro, quiero tocar para usted Scarbo de Ravel”. Él me dijo: “mire, no sé, porque he oído a tantos jóvenes pianistas tocar Scarbo y la verdad no acabo de convencerme”. Al final, lo convencí. Se resignó a oírme y cuando terminé me dijo “gracias por revelarme esta obra”. ¡Vamos, allí creí que podía ir al cielo!, relata muy emocionado Achúcarro. Él ahora también está en ese selecto grupo de los pianistas más destacados de la historia moderna y tenemos la dicha de tenerlo de regreso en Lima.

-Maestro, una última pregunta… ¿Qué es la música para usted?
-Para usted, ¿qué es el aire?
-¿Para mí? La vida.
-Bueno pues, ya está.

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