La Quinta Sinfonía de Shostakovich en el Gran Teatro Nacional. Un año después

Ensayo de la OSN (Foto: Ministerio de Cultura)

Ensayo de la OSN (Foto: Ministerio de Cultura)

| Por Juan Pablo Goycochea |

La Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) ofreció el viernes 25 de abril su segundo concierto de la Temporada Internacional de Otoño 2014 en el Gran Teatro Nacional como un homenaje a Radio Filarmonía por su 30 aniversario. El variado programa contó con la Obertura de la ópera Las bodas de Fígaro de Wolfgang Amadeus Mozart, el Concierto para corno y orquesta Nº 1 de Richard Strauss y en la segunda parte se nos presentó la Quinta Sinfonía de Dmitri Shostakovich, obra musical que tuvimos hace exactamente un año en el mismo escenario por la Orquesta Sinfónica de Lituania.

La Sinfónica Nacional estuvo bajo la conducción del buen director de orquesta limeño David del Pino Klinge, al que ya tenemos costumbre de verlo por aquí. Hace pocos días también estuvo al frente del mismo elenco y del Coro Nacional en la presentación a doble fecha del Réquiem Alemán de Johannes Brahms en el inicio de la temporada. Esta vez la Sinfónica con su director de turno nos ofrecieron una versión de la obertura de Mozart alejada de un excesivo tempo como suelen hacer otros directores, manteniendo bien el pulso para que ninguna voz se pierda. Aunque se notó un problema de entradas al momento de la re-exposición del primer tema, la orquesta se mostró eficiente y las cuerdas, sobre todo violines, estuvieron a la altura de las exigencias. Algo que, en cuanto a sonoridad y ensamble, es más fácil de lograr para dicha sección en este tipo de obras del periodo clásico. Las maderas tampoco desentonaron. Si bien con Mozart, esta orquesta puede dar más, fue una versión disfrutable la mostrada aquella noche.

Luego vendría el Concierto para corno Nº 1 de Richard Strauss que fue estrenado en 1883; una obra con muchas exigencias técnicas y sonoras que todo intérprete de corno quiere ejecutar pero que siempre resulta todo un reto. El encargado de la parte solista fue el cornista peruano Dante Yenque, quien llegó a presentarse en algunas orquestas europeas y sobre todo alemanas, en ciudades como Dresde y Múnich, además de ser dirigido por dos grandes batutas del siglo XX: Sergiu Celibidache y Giuseppe Sinopoli. Lástima que en esta ocasión no pudo hacer gala de todo su arte enfrentándose al difícil concierto de Strauss. Yenque tuvo algunos problemas con los agudos en varios momentos del concierto, sobre todo en el allegro. Ya se lo había mencionado Franz Strauss – padre del compositor – a su hijo Richard de 19 años, sobre las dificultades que presentaba su concierto en el registro agudo, sin olvidar el hecho de que Franz era uno de los cornistas más respetados de Europa en aquella época. En el andante con moto, al solista se le escuchó mucho mejor mostrando un bello sonido y eso le generó confianza para el rondó final. La orquesta acompañó con sobriedad y dando los matices justos para  no sobrepasar en sonoridad al corno solista, pero sin redondear una versión digna de una obra straussiana, aun siendo aquella escrita en sus años de lenguaje claramente tonal y alejado del estilo que lo haría conocido más adelante. Esta obra terminó siendo el punto flaco de la noche.

El momento más importante del concierto ofrecido por la Sinfónica Nacional llegó en la segunda parte, con la Sinfonía Nº 5 de Dmitri Shostakovich, que fue estrenada en 1937. Una obra que a pesar de ser una supuesta respuesta sumisa ante el régimen soviético, no deja de mostrar su crítica al mismo por medio de la música. Los sonidos trágicos e inevitables, además de las marchas a ritmo de tambor en el moderato. La danza a modo de falso vals que funciona como una ironía, una mueca burlona. Una broma que es y no es realmente en el allegretto. La descripción de la miseria humana que se puede sentir en el largo, con un cúmulo de murmullos y sonidos que estremecen aún más en los pianísimos. Un movimiento a veces ignorado pero que quizás sea el mayor logro de la sinfonía. También el allegro non troppo con un final triunfal, como si un héroe se alzara sobre la injusticia, la tiranía. Un héroe o un artista. Con Shostakovich, su música y sobre todo sus sinfonías, todo puede serlo y no serlo a la vez. Una afirmación y una negación por detrás. Una muestra de su tirante relación con el gobierno ruso.

Es de destacar la labor de David del Pino con la orquesta en el hecho de intentar que las voces no se sobrepongan a otras, como suele sucederle normalmente a la OSN con obras del periodo romántico hacia adelante. Aunque eso también dio como resultado el que los vientos – y más que todo los metales – no suenen con la suficiente potencia que se requiere en esta sinfonía. A pesar del intento, en varias partes se siguió notando la falta de volumen en las cuerdas, sobre todo en los violines que casi no se notan en los fortísimos. Sea un problema de calidad o de cantidad, desde hace mucho esa sección de violines requiere un cambio o un incremento de ejecutantes, según sea el caso. A diferencia de la obertura de Mozart o el concierto de Strauss, la sinfonía de Shostakovich es de este tipo de obras que pone en jaque a las cuerdas y en las que se evidencian las diferencias sonoras que existen entre secciones.  Creo que faltó un poco más de sentido dramático en el tema principal del primer movimiento, ese que inician las cuerdas. En las partes de los ensambles a media voz sí se notó un mejor trabajo. Los puntos altos estuvieron en los movimientos centrales, el allegretto y el largo. Buen trabajo de los metales en el segundo movimiento y resaltable el clima logrado por el director con la orquesta en el tercer movimiento, la arpista contribuyó a ese buen resultado. Fue en ese momento de la interpretación en el que la obra toma sentido. En el allegro final, nos volvimos a encontrar con los inevitables problemas de las cuerdas como en el primer movimiento. Eso de reducir el sonido de algunas secciones para que otras no se vean opacadas no es una mala opción pero ¿Es realmente la solución? Porque digamos bien, eso corre a cuenta de cada director que tome a la orquesta, pero en ese caso la misma orquesta estará dependiendo del director de turno o del titular. Si el problema se suscita en las cuerdas (violines), ¿Por qué otros grupos como los metales tienen que ver reducidas sus posibilidades sonoras? Es cierto que más importante es el grupo orquestal en conjunto, eso es trabajo del director, pero da la impresión de que el problema surge de otro lado. ¿Será tan difícil agrupar mejor a las cuerdas o incrementar el número de las mismas para que su repertorio se amplíe cada vez más? Espero que esa pregunta ya se la hayan hecho en la orquesta y en el Ministerio de Cultura. Por el bien del elenco y de los que asistimos regularmente a sus conciertos.

Volviendo con la Quinta Sinfonía de Shostakovich, no terminó siendo una versión redondeada, muy difícil teniendo en cuenta lo citado anteriormente. Pese a ello, no dejó descontentos a los que asistimos al segundo concierto de la temporada. Tuvieron momentos altos y un buen trabajo por parte del director al que ya estamos acostumbrados ver sus buenas interpretaciones. Siempre es importante tener nuevas obras en el repertorio para la orquesta y que el público se abra a compositores a los que normalmente no tienen entre sus favoritos y a veces se suelen evitar.

Punto a favor del director titular del elenco, Fernando Valcárcel, quien poco a poco está ampliando el repertorio sinfónico de la orquesta, tanto con piezas poco versionadas en nuestra ciudad así como estrenos de obras de compositores nacionales que se están dando a lo largo del año, estrenos de los que aún queda uno por escuchar en esta temporada. Como digo, es de destacar la iniciativa de ampliar el repertorio de la Sinfónica, aunque debemos tener en cuenta que puede ser un arma de doble filo. Recordar que la OSN aún está en la búsqueda de un sonido propio, que el repertorio en el que mejor se desenvuelve es el clásico y ciertas obras del periodo romántico, por el tema de la sonoridad en conjunto. Exponer a este elenco a un repertorio más agresivo puede ser contraproducente. Ojalá no sea así, porque con nuevas obras sinfónicas ganan los integrantes del elenco en cuanto a la búsqueda de nuevos retos y gana el público que así puede ampliar su panorama musical.

La Temporada Internacional de Otoño 2014 en el Gran Teatro Nacional se completará con dos conciertos en los que tendremos a dos directores que siempre nos visitan y en los que se escucharán obras como la Obertura Romeo y Julieta de Piotr Ilych Tchaikovsky y la Suite Turandot de Ferruccio Busoni el viernes 9 de mayo bajo la dirección de Matteo Pagliari; además del estreno del Concierto para piano de Jorge Villavicencio y la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonín Dvořák en doble fecha, el viernes 13 de junio y el domingo 15 del mismo mes, con la participación del pianista Enrico Elisi y la dirección de Carmen Moral.

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2 comentarios en “La Quinta Sinfonía de Shostakovich en el Gran Teatro Nacional. Un año después

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