Carmen Moral, la maestra de la orquesta

Perú fue el primer país en América Latina en tener como titular de la Orquesta Sinfónica Nacional a una mujer. La hazaña, realizada en la década de 1970, no hubiese sido posible si la intrépida y joven directora Carmen Moral no decidía postular al concurso público. Era la única mujer de los participantes y fue la ganadora.

Años antes ya había debutado en un concierto de la Temporada de Verano que hacía el primer elenco nacional en el Campo de Marte. “Había mujeres hasta en los árboles por la curiosidad”, recuerda la maestra.

En la actualidad, Carmen Moral es una de las directoras más respetadas del ámbito musical latinoamericano. La conductora ha desarrollado con mucha inteligencia una carrera importante desde 1966, año de su debut, que la ha llevado a grandes escenarios como el Musikverein de Viena, el Kennedy Center de Washington DC, el Teatro Colón de Buenos Aires, la Sala Pleyel de París, el Bellas Artes de México y la lista es larga e interminable. Además, es docente en el Berklee College of Music en Boston, Massachusetts.

Es Directora Emérita de la Orquesta Sinfónica Nacional y en agosto del año pasado la distinguieron como Directora Honoraria de este elenco.

La mañana del jueves me recibió en la sala de ensayo para orquesta del Gran Teatro Nacional, donde pudimos conversar sobre su trayectoria y los programas que prepara para hoy y la próxima semana.

Carmen Moral dirigiendo a la OSN (Fotografía ACP)

Carmen Moral dirigiendo a la OSN (Fotografía ACP)

Pablo Macalupú-Cumpén: Usted se preparó tanto aquí como en el extranjero, ¿por qué al inicio no apuntó en hacer una carrera fuera y prefirió regresar al Perú para postular a la OSN?

Yo necesitaba debutar y quería hacerlo en mi país. Qué mejor que debutar en tu país. Que me dieran una primera oportunidad como yo siempre se la he dado a los jóvenes que empiezan.

Pero el ambiente musical, en general, ha tenido una tradición machista desde hace años. ¿Cómo superarlo en ese momento?

Yo estaba casi terminando mis estudios y mi profesor, que era Rodolfo Holzmann, me dijo que debía pedir un concierto a la Sinfónica. Yo le decía “maestro, ¿usted cree que me lo darán?”. Y él “sí, sí, anda pídelo”. Lamentablemente, no me lo daban. Entonces pregunté por qué no me lo daban y cuando pedí los motivos, ahí recién me dieron la oportunidad.

Era un concierto de la Temporada de Verano en el Campo de Marte y ahí fue mi debut.

¿Recuerda el programa?

Claro que lo recuerdo. La primera parte fue Leonora N° 3 de Beethoven; un arreglo de Holzmann sobre La Reina de las Hadas, de Purcell; (Preludio a) La tarde de un fauno, de Debussy; y la segunda parte era la Sinfonía N° 5 de Tchaikovsky. Imagínate qué tal programa.

¿Y cuál era la reacción del público, sobre todo aquí, de ver a una mujer dirigiendo desde el podio?

Al principio era raro. Era una cosa de decir “Oh, una mujer que dirige”. Recuerdo que en mi debut había mujeres hasta en los árboles, por la curiosidad. Pero esta especie de novedad fue pasando y ahora encuentras mujeres directoras. ¡Hay muchísimas, más de lo que crees!

Que poco a poco están entrando a los elencos más grandes y famosos.

Sí, recién están tomando campo. ¿Qué le falta a una mujer para dirigir? Tú diriges con la cabeza y las manos, no cargas pesas. Entonces, ¿cuál es el problema? Antes había una reticencia con eso. Había algunas orquestas un poco machistas: “Ohhh, va a dirigir una mujer, qué vergüenza” (ríe).

Usted ha dirigido más de 500 obras. ¿En algún momento no prefirió especializarse en un compositor o período específico?

No te voy a decir que odio la especialización, pero casi la odio. Si tú eres especialista, quiere decir que no sabes muchas cosas. Te has especializado en un tema, compositor o período ¿y el resto? Todo se va nutriendo. Uno tiene que tratar de desarrollarse orgánicamente.

Está bien que se especialicen por ahí, pero a mí no me gusta. No me llamaría especialista. Aunque de algún modo sería pretencioso porque pareciera que soy especialista en todo (ríe).

Pero tiene algún período y compositor preferido…

Sí y no. Te voy a decir una tontería, pero a mí me gusta la buena música, la que tenga una buena trama musical. Y eso se reconoce. Cuando tú ves lo que ha hecho el compositor, cuando busca una nueva vía y todo eso.

Entonces si a usted le traen una nueva obra y la encuentra interesante…

La hago.

Pregunto eso porque a veces queda la duda respecto a si todas las obras deben ser o no estrenadas.

Yo opino que sí. En cierta manera, en un país como el nuestro, sí; porque hay que darle oportunidad a la gente. Luego, el tiempo dirá. Este se encargará de decir qué vale y qué no vale.

Usted que conoce bien a la Orquesta Sinfónica Nacional, ¿qué tanto ha cambiado este elenco desde las épocas en que usted era Titular?

La orquesta siempre ha sido muy sufrida y ha tenido buena voluntad para hacer las cosas. Me alegro sobremanera que se haya aumentado el sueldo a los músicos porque pueden dedicarse más a eso y no a los cachuelos. Ahora pueden ir escogiendo qué cosa les conviene para seguir mejorando.

Lo que me llama la atención es que no haya asistentes de primeras partes. La única asistente es Martina (Jara), con su corno.


[Por coincidencia, en ese instante Martina Jara ingresa a la sala de ensayo. La maestra Moral la saluda y conversa con ella].

Moral: Tú eres la única asistente, ¿no?

Jara: Sí, porque los que existían cuando usted estaba, se jubilaron y la plaza se fue con ellos.

[Se retoma la entrevista]

¿Ves?, entonces, si el concertino se enferma no hay quién lo reemplace. Y así, si el maestro se enferma no tiene alguien que lo sustituya. Eso es anormal. Como decían por ahí, no podemos ser un país de una sola muda. Hay que tener algo con qué cambiarse.

Además, falta incrementar muchas partes, por ejemplo, las cuerdas. Faltan instrumentistas.

Respecto a los instrumentistas, a veces se convoca a jóvenes estudiantes para integrar orquestas profesionales. El director de Conservatorio ha mostrado firmemente su oposición a ello porque muchas veces puede motivar a la deserción estudiantil.

En realidad yo tendría que informarme un poco más sobre el tema. Yo he llegado hace unos días, pero de todas formas es poco tiempo para empaparse de la situación actual. Lo que me alegro es que el ministro (Peirano) cumplió con aumentar el sueldo. El año pasado nos reunimos con él, conversamos sobre el tema y cumplió. Eso me encantó.

Entonces, como docente y directora, ¿considera correcto que los estudiantes participen en una orquesta profesional?

A ver, si está capacitado, sí. ¿Por qué no? Yo no sé si están capacitados o no. La idea sería no abrumarlos. Para que puedan desarrollarse orgánicamente y de manera lógica. Si están aptos y capacitados, claro. Hay gente que toca en una orquesta y tiene 17 o 18 años. Entonces, ¿por qué no va a actuar?

¿Cuál es su compositor peruano preferido para llevar a los auditorios internacionales?

Me gusta mucho Valcárcel padre. Ahora, voy a llevar a Colombia una obra de Meza. Siempre que puedo hago música peruana. Sucede también que cuando llego a un país me piden que dirija composiciones del lugar en el que estoy. Yo sugiero, pero a veces recibo sugerencias locales.

¿Cómo reacciona el público frente a nuestra música?

Muy bien, siempre con curiosidad. En Washington, por ejemplo, hice una obra de Valcárcel llamada Antimemorias; tuvo mucho éxito y muy buena crítica.

¿A qué compositor actual encuentra interesante?

No me gustaría responder esta pregunta porque no quiero dejar a nadie fuera. No es justo. Hay que apoyarlos a todos y esperar a que se desarrollen.

Y como oyente, ¿qué espera de la música contemporánea?

Solo una buena trama. Ahora es una Torre de Babel. Tú tienes que saber los lenguajes musicales y sucede que todo el mundo habla diferente y a la vez. Pero en la combinación está el secreto: en quién hace mejor las cosas, quién hace su “cocinita” más rica. (Ríe).

 

Sobre los compositores y programas que se preparan para el viernes 14 y 21 de junio en palabras de la maestra Carmen Moral

(1)
Claude Debussy – La Mer

Debussy era un inconformista, no entraba en reglas, su juez era su oído y era un genio. Con La Mer él no quiso hacer una sinfonía, por eso hizo “tres bocetos sinfónicos”. Pero es la obra de más aliento a excepción de su ópera Pelléas et Mélisande, hizo esto que tiene una forma muy original. Aunque en el último movimiento puede ser una forma sonata, pero muy especial, usando forma de arco. Por ejemplo, la introducción tiene A – B – C – A – B. Eso es arco.

Luego viene dos partes, que prácticamente una con la otra, a primera vista, no tienen conexión, pero en realidad sí están vinculadas. Su segundo movimiento es un scherzo fantástico; y la última, a mi parecer, es una forma sonata muy peculiar. Con exposición y desarrollo.

Debussy utiliza motivos cíclicos que aparecen en el primer movimiento y último. Está llena de motivos que los trabaja de manera increíble. Como compositor me parece genial. Es tonal, pero la ahoga, la camufla. Además, utiliza muchos acordes que son de color, que no tienen función.

(2)
Alfonso de Silva – Instantes

¿Cómo se complementan la Suite Instantes y La Mer?

A ver, sería una pretensión decir que es el mismo lenguaje porque no lo es. Hay una gran distancia. Debes tomar en cuenta que Alfonso de Silva era un producto de acá, luego viaja a Europa a intentar a estudiar. Lo agarró la bohemia por ahí, pero si escuchas la obra tal vez podría ser un Debussy temprano. ¡Por eso lo escogí! Por la similitud de lenguaje entre uno y otro.

(3)
Sobre Beethoven

Beethoven es clásico pero en su época un es “clásico revolucionario”. Por ejemplo, ¿cómo empieza la primera sinfonía? Con una cadencia que va a Fa mayor y es una obra que está en Do mayor. Le toma el pelo a los auditores, porque cuando termina la introducción, recién pone el Do mayor. La entrada que hizo fue muy original en su época. Los auditores estaban desconcertados.

(4)
Tchaikovsky (Concierto para Piano y Orquesta N° 1) y Sibelius (Sinfonía N° 1)

Tchaikovsky era un compositor que con “tres cositas” hacía maravillas. Y lo desarrollaba de tal manera que cuando lo escuchas tú puedes decir “caracoles, ¡¿cómo se le ocurrió tanta cosa?!

Cuando él escribió el concierto y se lo dedicó a Nikolai Rubinstein, él lo declaró intocable, hasta que finalmente la hizo otro pianista (Von Bülow) y desde entonces ha sido una obra muy popular y lo seguirá siendo. A todo el mundo le encanta.

Sibelius, por su parte, tiene mucha similitud con Tchaikovsky, por el romanticismo y por la forma en hacer sus desarrollos. Por eso los escogí.

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