Algo importante sucede en Chile

| Por Juan Pablo Goycochea |

El pasado 27 de abril el público que asistió al Gran Teatro Nacional fue testigo del concierto que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile bajo la batuta del carismático director José Luis Domínguez. Un concierto cuya iniciativa fue comandada por la Embajada de Chile en el Perú, la Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC) y la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI).

La FOJI es una institución fundada en el año 2001 y que cuenta con más de 400 orquestas juveniles e infantiles distribuidas a lo largo del territorio chileno. Esta entidad además organiza concursos, festivales, cursos y becas para niños y jóvenes, los cuales en número ya son cerca de diez mil los que integran las agrupaciones musicales y que ofrecen aproximadamente tres mil conciertos anuales.

La agrupación que destaca de dicha organización es la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile que, formada en 1992, cuenta hoy con casi 80 jóvenes músicos. Este elenco ha tenido el placer de ser dirigido en algunos conciertos por importantes batutas como la de Zubin Mehta, Maurizio Benini y Paavo Järvi.  Si bien en años atrás esta orquesta ya se había presentado en las principales salas de concierto del país sureño, es de resaltar su primera gira internacional que se llevó a cabo el 2012 y que llevó a estos jóvenes a importantes teatros de Berlín, Bremen, Colonia, Múnich, Viena, Praga y Bratislava.

El último concierto realizado en Lima también contó con la participación de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil del Perú y su director Pablo Sabat, aunque esta agrupación sólo estuvo para reforzar tanto en el inicio como en el final del programa. El comienzo del mismo se dio con las orquestas conjuntas quienes presentaron los himnos de ambos países, con la peculiaridad de que el Himno Peruano fue dirigido por José Luis Domínguez y en el Himno Chileno estuvo Pablo Sabat, en un acto de confraternidad que tanta falta hace a ambas naciones en estos tiempos.

La Orquesta Sinfónica Juvenil Chile estuvo dirigida por José Luis Domínguez (Foto: Ministerio de Cultura)

La Orquesta Sinfónica Juvenil Chile estuvo dirigida por José Luis Domínguez (Foto: Ministerio de Cultura)

Plantear un análisis musical de la interpretación de los himnos es bastante difícil y más teniendo en cuenta que en esos momentos es mayor el patriotismo del público –tanto peruano como chileno–, que el deseo de escuchar y disfrutar la versión musical. El concierto propiamente dicho comienza cuando la Sinfónica Juvenil de Chile, ya en solitario, interpreta la archiconocida Sinfonía No. 5 de Ludwig van Beethoven presentada por el generoso director José Luis Domínguez.

Si bien por varios momentos se siente una versión muy normal y con cierto uso del legato que hace perder un poco el tema trágico que se maneja en esta obra, hay momentos de buena intención por parte del director y otros muy bien logrados. Ejemplo de esto se da en el Allegro con brio, movimiento en el cual el oboe tiene su solo en el retorno al tema principal tras el desarrollo, aunque aparece un poco dubitativo al inicio, logra alargar las notas lo suficiente como para que se sienta esa triste soledad que dicho instrumento debe conseguir en tal sección. Muy buen efecto se sintió cada vez que el timbal hacía sus intervenciones usando un crescendo, el cual nos dejaba escuchar al instrumento como si estuviera a lo lejos para finalmente imponerse por sobre toda la orquesta, algo que aporta al carácter de este primer movimiento. Una mención importante merecen las cuerdas que mostraron gran cuerpo y la suficiente fuerza para esta parte de la obra musical. Me sorprendieron y agradaron mucho los violines quienes a pesar de no ser más de 22,  destacan durante casi toda la sinfonía.

El Andante con moto es, en interpretación, el punto flojo de la obra. Tanto por el sonido un poco superficial para un movimiento que es el más elevado sentimentalmente que los demás, como también algunos momentos de intenso lirismo que no fueron aprovechados. Lo más resaltante son los fortísimos en los que los metales apoyaron a las cuerdas, las cuales nuevamente mostraron su capacidad para tales matices como en el movimiento anterior. Una vez más fue un acierto el efecto del timbal en crescendo el cual cuando aparece nos recuerda que el drama de la pieza aun no ha terminado, uno de los mejores aportes del director en esta versión.

En el Allegro las cuerdas no sólo mostraron su fuerte intensidad de antes, ahora mostraron una gran agilidad en la segunda sección en Do mayor en las que tienen que atacar las corcheas. No hubo sorpresas en la suave transición de este movimiento hacia el Allegro final, en el cual los metales mejoraron en relación al segundo movimiento. El punto más alto una vez más fueron las cuerdas, lo cual nos hace pensar que esa sección de instrumentos ha sido la más trabajada de toda la orquesta. Sin ser esta una versión totalmente lograda, se ha dejado escuchar lo suficiente para disfrutarla y destacar aquellos detalles que José Luis Domínguez nos ofreció.

La segunda parte del concierto fue dominada por compositores latinoamericanos. Primero fue  Huapango del mexicano José Pablo Moncayo, Kukuli del peruano Armando Guevara Ochoa, recientemente fallecido, y el Interludio de la Suite Latinoamericana del chileno Luis Advis.  En estas tres obras son las maderas las que destacan de gran manera, incluso por encima de la cuerdas que hicieron tan grata la sinfonía beethoveniana. Son los solos en los que consiguen sobresalir cumpliendo su rol y además cuando tuvieron que entrar juntos todos en grupo, ensamblando acertadamente.

Después siguió el conocido Danzón No. 2 del mexicano Arturo Márquez. Aquí el piano y el piccolo empastaron perfectamente cuando se les presentó la oportunidad de mostrarse. Muy bien logrado el clímax conseguido por la orquesta en la parte media, las cuerdas se lucen de nuevo. La concertino aunque con poco volumen estuvo muy expresiva en su intervención solista. Recordar también que el Gran Teatro Nacional es un escenario grande y cuesta tiempo adaptarse a una acústica que no se conoce.

El final se dio con la Suite del ballet Estancia del reconocido compositor argentino Alberto Ginastera, una obra idónea para culminar este gran concierto de la Sinfónica Juvenil de Chile. Muy buena versión que nos deja claro lo bien ensayada y preparada que tienen esta Suite, sobre todo en la parte del Malambo. Era de esperarse algún regalo por parte del director y su orquesta, pero pocos imaginaban que iban a repetir el Malambo anterior, sólo que esta vez reforzada por integrantes de la Sinfónica Juvenil del Perú. La versión finalmente ofrecida fue muy apegada a esa ‘costumbre’ de usar el cuerpo y mover los instrumentos que ya se ha visto con otras orquestas. Es cierto que los latinos sentimos muy propia la suite de Alberto Ginastera, tanto así que es de repertorio obligado para las orquestas juveniles como también para las profesionales.

Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile (Foto: Ministerio de Cultura)

Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile (Foto: Ministerio de Cultura)

Lo que este concierto me dejó claro es que si algo importante está pasando en el mundo de la música, no sólo es en Venezuela, también sucede en Chile. Desde Camello Parlante nuestro saludo y agradecimiento a la iniciativa de traer a Lima esta joven orquesta del vecino país, que ya ha dado que hablar en su última gira europea. Personalmente, felicito a los involucrados que desarrollan y llevan a cabo la labor de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile, espero desde aquí que no decaigan en su lucha para mejorar el nivel de sus músicos y agrupaciones musicales, además de trabajar por la cultura que tanta falta hace por estos lados del continente.

Considero una gran idea la de juntar ambas orquestas juveniles en el concierto, porque así de una u otra manera se genera un intercambio cultural necesario para todo músico que aún se encuentra en su formación profesional. No estaría demás con el tiempo, recibir en nuestra ciudad la visita de otras orquestas juveniles del continente, porque ese roce que se genera en el encuentro de los músicos de otros países ayuda mucho al desarrollo artístico en el integrante de una orquesta. Esperemos que la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil también pueda, con el tiempo, recibir invitaciones para participar en conciertos en otras ciudades del continente, pero claro está que para eso hay que trabajar mucho y más duro.

Es destacable también el hecho de utilizar el reciente Gran Teatro Nacional para este tipo de eventos que aportan en la actividad cultural de Lima; sin olvidar además que, durante el 2013, este escenario recibirá a artistas de gran nivel.

Ficha:
Comentario del concierto del sábado 27 de abril – 11:30 horas. Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile. Director: José Luis Domínguez. Participación especial de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil del Perú.
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2 comentarios en “Algo importante sucede en Chile

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