Salomón Lerner Febres: “Crear un Ministerio de Cultura y no darle presupuesto es, simplemente, un gesto vacío”

La Sociedad Filarmónica de Lima ha sabido traspasar las barreras del tiempo con esfuerzo y dedicación. El próximo mes de agosto cumplirá 106 años de vida institucional en un país donde las organizaciones culturales aparecen y muchas no logran sobrevivir, lamentablemente, por falta de financiamiento u otras razones. No obstante, reconoce su presidente, Salomón Lerner Febres, el apoyo de sus socios y miembros directivos, el amor por la música del público limeño y la fuerza de voluntad de todos los que rodean esta organización les ha permitido afrontar incluso las épocas más difíciles por las que ha pasado el Perú.

Lerner Febres es doctor en filosofía, ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y presidente ejecutivo del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la misma universidad. Además, presidente de la Filmoteca de la PUCP y ha sido reconocido como Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Sorbona, entre otras distinciones. Paralelamente a su destacada vida profesional, preside la Sociedad Filarmónica de Lima desde el año 2009 y forma parte del comité directivo desde hace 10 años, según nos cuenta. No obstante, siempre ha asistido a los conciertos organizados por esta institución.

Esta semana, Lerner me recibió en su oficina para conversar sobre la Sociedad y además conocer su percepción sobre la cultura en nuestro país, la ideología, el trabajo de los medios de comunicación respecto a su oferta informativa y también sobre la Temporada 2013, que inicia este martes 16 con un Ciclo Sinfónico en el Gran Teatro Nacional del Perú.

El presidente de la Sociedad Filarmónica de Lima habla en exclusiva para Camello Parlante (Foto: La República)

El presidente de la Sociedad Filarmónica de Lima habla en exclusiva para Camello Parlante (Foto: La República)

Pablo Macalupú-Cumpén: Si pudiera comentarnos más sobre el trabajo que ha venido realizando la Sociedad Filarmónica de Lima en los últimos 4 años…

Salomón Lerner Febres: En primer lugar, lo que querría decirte es que hemos intensificado el compromiso que teníamos como Sociedad y hace tanto tiempo con la música entendiéndola como una de las artes más hermosas que no está desvinculada de las otras expresiones de la cultura y la realización de los valores estéticos.

En ese sentido hemos tratado en estos últimos años de, en primer lugar, ampliar nuestro público, abriendo nuestras puertas y dando facilidades a que los jóvenes asistan a estas reuniones que, vistas desde afuera y sin conocerlas, pueden parecer “reuniones de viejos aburridos que escuchan música que no interesa”. Y hemos comprobado, como era evidente, que basta que los jóvenes se acerquen a la música para que muchos de ellos se sientan atraídos tal como sucedió con nuestros padres o abuelos, porque la música trasciende.

En segundo lugar, hemos comprendido que es un arte que se vincula con las otras artes y que teniendo su especificidad, sin embargo, tiene que mostrar o tender esos puentes que la hacen un poco el elemento que, junto con otros, empujen en el mismo sentido de hacer la vida más plena y agradable. Descubrir valores de la hermosura y de la belleza que hay en nuestras existencias.

Es así que, por ejemplo, este es el segundo año que hemos organizado un ciclo de cine y música. El cine no es reconocido un “arte tradicional”, pero hoy es un arte que ofrece una manera hermosísima de mostrar el talento y la capacidad del hombre para hacer cosas que puedan impactar en el terreno de la reflexión. Obras como las de Visconti, Fellini, Eisenstein, Ford Coppola dejan impacto en el alma de quien vive eso. Y claro, hay  puntos de encuentro entre música y cine.

El año pasado dijimos “vamos a lo más directo” ¿Cómo el cine se ha ocupado de los músicos? Por eso, hicimos una presentación a través de la cual presentamos vidas de los compositores y música de ellos. Nos dirigimos principalmente a Bach, Mozart y Beethoven.

Este año hemos invertido la cosa, hemos ido a las grandes películas que, en parte, las son por la música que han tenido. Ya presentamos Alexander Nevsky de Eisenstein, con música de Prokofiev. Además, vamos a reivindicar a un compositor contemporáneo como es Nino Rota con 8 ½ de Fellini.

Luego hemos dicho, caray, la música está vinculada a la literatura. No solo porque hay obras musicales que puedan inspirarse en los libros, sino también que puede suceder al revés: narrativa que inspira música. Tenemos la ópera de Ginastera, Bomarzo, que está inspirada en esta magnífica novela de Mujica Láinez. Así que vamos a ver qué cosas se van a hacer por ahí. Y el año pasado en esa relación decidimos sacar un libro.

El de Carlos Gatti

Así es, que trata sobre la vida de Liszt y la inspiración que recibe él de Dante.

En esa intensiva labor por difundir la música me llamó la atención una parte de la presentación de ese libro en la que usted escribe “La Sociedad desea extender su labor más allá de la simple programación de conciertos, pues busca dejar huella en su público habitual y alentar a la reflexión sobre las artes, al cultivo del pensamiento, al conocimiento de la historia…”.

Sin embargo, ¿es así la realidad? Es decir, ¿no cree que los públicos de ahora, tal vez, son un poco ‘flojos’ en el sentido de que no leen?

Puede suceder eso, más aún porque el aire de los tiempos te empuja a la importancia cada vez mayor del mercado, del Carpe Diem, “vive hoy y olvídate de lo demás”. Y no queda el tiempo suficiente para gozar en soledad, porque estas cosas requieren soledad. La lectura de un buen libro o el ver una buena película o escuchar una buena obra sea sinfónica o de cámara; pero el que los tiempos sean así no significa que nos abandonemos a ellos, sino que tratemos de complementarnos.

Se han descuidado varias cosas y creo que por inadvertencia. En las escuelas no podría enseñarse la historia solo poniendo fechas y nombres de héroes de batalla, sino también una bibliografía adecuada, música adecuada. Qué te digo, si hablan de las Batallas Napoleónicas con la Obertura 1812 o enseñar el barroco con Bach.

Hacer una educación completa

Completa, integradora. Tampoco se trata que le enseñes al chico que es una blanca, una negra, una fusa, una semifusa…

Sin que no la escuche…

Exactamente. Sino que les hagas escuchar y, a través de eso, los vincules con determinados momentos de la historia y determinadas fibras de tu sensibilidad. Y eso forma parte de la maduración de la persona e integrando eso de la vida. Porque si no hay esa labor de integración puede haber una especie de… llamémosle esquizofrenia, por la cual tú puedes gozar algo y no actuar de un modo congruente con ese gozo de lo bello que normalmente implicaría la conducta. Eso de alguna manera ocurrió en ocasiones en la Segunda Guerra Mundial. Muchos alemanes adoraban a Beethoven, a Wagner y mira qué pasó…

Jordi Savall comentaba que es un poco el misterio de la música, porque se ha utilizado tanto para fines hermosos y otros crueles…

Claro. Con Wagner por ejemplo se utilizó para alimentar un mito de superioridad étnica. La música es un instrumento y un fin en sí mismo, pero no es que se quede a nivel de instrumento. Ahí se aliena la música.

Volviendo al tema de su labor editorial, ¿qué proyectos tienen?

Está en marcha uno que, esperemos salga este año, y es una especie de antología de textos de filósofos sobre la música. Está haciéndolo un docente de la maestría de la Universidad Católica y lo acompañaremos con un disco sobre las corrientes y músicos que son mencionados.

Libros de ese tipo no se encuentran en castellano, sino más en otros idiomas…

Sí, se ha hecho muy poco.

¿Y la distribución cómo será?

Nosotros no tenemos fines de lucro. Nosotros solo queremos subsistir y queremos traer grandes artistas. Vamos a continuar esto en todo lo que podamos y de manera gratuita contando con que habrá instituciones que entiendan nuestra labor y nos apoyen y nos den auspicios. Porque de otro modo no podríamos traer a orquestas como la Filarmónica de Israel… son palabras mayores. Tener gente además que tenga sentido del negocio y sea generosa.

Justamente, ¿cómo han manejado el tema de la gestión económica de la Sociedad? Es complicado sobre todo en un país donde se deja de lado a la cultura.

Mira, yo justo esta mañana he pasado llamando por teléfono a eventuales auspiciadores, gerentes, directores de empresas para que nos ayuden a poder cubrir nuestros costos. Hemos hallado instituciones generosas; sin embargo, también hemos encontrado otras que tienen muchísimo dinero, pero son insensibles. Simple y llanamente porque más allá de los soles o dólares o euros, no les interesa nada.

Y son personas que, no obstante, salen por ahí a pregonar sus altas calidades. Yo no quiero dar nombres, pero hay personas a las cuales no significaría nada, nada ganar algún reconocimiento.

Además de algún modo, sospecho, no tengo la certeza… hasta este año, por ejemplo, algún miedo o alguna fobia a hacerle propaganda a la Sociedad Filarmónica que… ojalá no sea así… está dirigida por Salomón Lerner Febres… que es un caviar. Como si la música tuviera culpa de eso. Pero en fin, espero que no sea así.

Es decir, como que quisieran presentar las situaciones por ese lado, ¿no?

Sí y mira, no es aceptable que habiendo estado aquí András Schiff o la Bachakademie, no haya aparecido una línea sobre las presentaciones de estas instituciones musicales. La Misa en Si Menor, una obra magnífica tocada por el primer conjunto dedicado a Bach. O el primer violagambista del mundo, que además ha sido premiado por todos lados y que rescata música de los dos mundos, de Europa y América. Nada.

Eso de repente también significa la ignorancia y/o la preferencia por parte de órganos de comunicación que se dicen serios. Y publican que la Urraca dijo no sé qué, que en Al fondo hay sitio se pelearon… en fin.

Volviendo al tema de las empresas, de hecho la responsabilidad social debe ser sincera. Ahora pareciera que se ve más el tema de lucir la marca para demostrar que existe esa “responsabilidad social”. Pero usted explica que hay empresas que no quieren apoyar porque simplemente no les nace.

No les nace porque entienden que están obligadas legal o marketeramente, mas no éticamente. Es un pensamiento neoliberal a ultranza, “primero soy yo y mis intereses”.

En una entrevista, Ernesto Palacio me contaba que la vida musical peruana se vio opacada por un “oscurantismo”, agravado por la situación política del país. Sin embargo, la Sociedad Filarmónica va a cumplir 106 años y sobre todo en un país donde la institucionalidad cultural es muy endeble. ¿Cómo han logrado sobrevivir a tanto?

Creo que es gracias al hondo cariño a la música y porque hubo personas con la suficiente fuerza de voluntad como para sacar adelante a esta sociedad a pesar de momentos bien difíciles que nuestro país, en algún momento, experimentó. Habría que reconocer la constancia de determinadas personas. De ahí que muchos directores de la Sociedad Filarmónica lo hayan sido durante años, porque eso le da continuidad a la propia Sociedad. Y porque en medio de todo, junto con una política débil, de gobiernos que no apoyan a la cultura, que ha sido más débil en los últimos años, ellos ofrecían una ventanita a la cual la gente acudía porque quería y necesitaba eso.

A mí me da algo de pena recordar los años en que yo fui universitario. La década del 60 en que el Teatro Municipal funcionaba maravillosamente. En donde venían grandes figuras, donde los estudiantes universitarios nos colábamos en los ensayos, donde nos íbamos a la cazuela y, caray, en esa época yo escuchaba desde esa ubicación a Igor Stravinsky dirigiendo El Pájaro de fuego, si mal no recuerdo; o a Kempff… y bueno, eso se perdió.

Aquí deberíamos sentir vergüenza de habernos quedado sin un Teatro Municipal por 12 años y sin decir nada. Mira y no solo digo por una ciudad… ¡un país que haya permitido estas cosas! Y en los medios esto no fue un escándalo, no se menciona.

Ni imaginarnos cómo están en provincia, no hay teatros ni espacios

Nada, nada, nada. Yo espero que los intentos de Juan Diego Flórez en los que apoya Molinari (Sinfonía por el Perú), el tema de los núcleos ayuden, porque debe haber gente que ama la música y que además está dotada para la música y no pueden desarrollarse.

Justo sobre ese tema, me interesa su opinión como gestor cultural. A pesar de todo, desde el 2010 parece haber un intento de cambio de mentalidad con la creación del Ministerio de Cultura…

Sí, es un buen síntoma. Hay buenas intenciones detrás. Lo importante es ir más allá de las buenas intenciones. Que realmente sean muy consistentes para la afirmación de la cultura universal y dentro de ella de la cultura peruana y del diálogo cultural. Pienso que hubo por allí alguna Ley del Mecenazgo que debe reglamentarse. Pero obviamente se debe tratar de un mecenazgo que sea efectivo, que no sirva para encubrir farsas. Para eso el estado debe preparar una especie de contraloría de los fondos que se trabajan en el Mecenazgo para su buena utilización.

Creo que debería establecerse ya los instrumentos fundamentales, que no serían los únicos obviamente, pero sí los más importantes que representen a la sociedad peruana, gracias a la gestión estatal en los terrenos del cine, del teatro, de la música, de la danza, de la literatura, etcétera.

Crear un Ministerio de Cultura, pero no darle presupuesto es un poco, simplemente, hacer un gesto vacío. Ese Ministerio de Cultura debería tener un fondo editorial bien dotado y que permita la impresión masiva de cosas que sean fundamentales para la sociedad; no solo para la cultura, sino para la sociedad.

No hay que esperar iniciativas particulares como la que tuvo Scorza para dejar los “Populibros”. La música debería ser apoyada en el Conservatorio, a través de los músicos, pagándoles mejor, estableciendo cursos de capacitación y buscando roce internacional, viajes a provincia porque el Perú no es Lima.

Se dice también que la cultura no es compatible con la política

La política debiera ser entendida como elemento constructor de la cultura y fruto, a su turno, de la cultura. Pero no entendida como erudición, sino como maduración de la personalidad, como conciencia de los problemas y con inteligencia para resolverlos. Entonces, de nada vale el crecimiento económico cuando tenemos una cantidad de personas que no leen, que no entienden lo que leen, que aprendieron la historia de paporreta en el que confunden a González Prada con Vargas Prada o como la señorita que dice que un archipiélago es un animal. Esas cosas…

Ahora, hablando de medios de comunicación, usted publicó en mayo del año pasado una columna al respecto, criticando lo que ya me había dicho hace instantes, que no se le da importancia a la cultura y no había ni una línea sobre la Bachakademie. ¿Podría comentarnos más sobre esta opinión?

Lo que tienen que hacer es simple y llanamente cumplir con ciertas prescripciones deontológicas, de ética profesional. Los medios de comunicación, así como las instituciones educativas, no pueden tener como fin primero y absoluto el lucro. Sino valores superiores que no están peleados con el lucro, pero que no están al servicio del lucro: Informar con libertad, con verdad y tratar en la medida de sus posibilidades mediante esa información de educar e invitar a reflexionar a la gente. Abrirse a artículos de opinión, a gente que piense, de pronto, distinto a como piensan los dueños de los diarios, pero que puedan publicar allí. Y que no alimenten un círculo vicioso que se ha generado y es que, porque los medios han comenzado a dar basura, la gente lo que pide a los medios es basura. Entonces es un círculo fatal.

Tú miras la mayoría de diarios y lo que infaltablemente hay y te asegura la rentabilidad del diario son las noticias de crímenes, accidentes, las vedettes nacionales y extranjeras, qué le dijo una a la otra, quién se enamoró de tal, etcétera. El deporte que es solo fútbol. Y luego la menudencia política, la minucia política, “tal dijo tal”, pero no el planteamiento más allá de partidos políticos, de ideas centrales dentro de un plan de política seria para el país.

Juega en el fondo también, con las cartas que tienen, que son los partidos políticos que no valen nada aquí, que no existen. Pero justamente debieran decir y reclamar que haya gente que tome en serio la política y que pueda plantearse los problemas sociales y de gobierno en la función pública desde un punto de vista que no sea tan minúscula como los que tienen los partidos vigentes.

Y luego, los medios tienen ocio y “cultura” a través de pequeñas tiras cómicas o no sé… solo queda destacar el Geniograma, pienso.

Entonces, cuando hay eso y también vetos desde la dirección de un diario o consignas para elevar a unos y denigrar a otros, ahí vamos mal. Y esto se extiende a las radioemisoras de opinión, que las hay algunas.

¿Todavía vale confiar en los medios tradicionales o tal vez ir a los medios digitales?

Mira, de alguna manera hay que aceptar que eso es lo único que hay, pero que gracias a Dios existe una ventana al mundo a través del Internet y de la presencia de noticias que son mucho más veraces y sólidas en lo que toca a su razonamiento y a sus fuentes, y que sirven de correctivo para las cosas que se presentan acá.

También hay una ausencia muy grande en nuestro país, en los diarios, de noticias sobre la realidad mundial. Hay que esperar que Corea del Norte esté a punto de cometer una locura o algún escándalo del yerno del Rey Juan Carlos para que aparezca algo sobre el extranjero. ¡Por favor! No hay análisis sobre hechos sociales que ocurren en otros lados.

Se está tomando al periodismo como un elemento empresarial, ¿cierto? Porque en la época de la ilustración era más instructivo, educativo, fomentaba el sentido crítico…

Sí, es cierto. Se le está usando como un instrumento al servicio de malos fines. Y la voz de orden en ese sentido la dio Fujimori con los “diarios chicha”.

Y también con la Ley Torres y Torres Lara en la que el periodismo se trató como un derecho que puede ser ejercido por todos y no por alguien realmente haya estudiado y esté preparado para esta labor.

Sí, es que ellos dieron muchas leyes “liberales” pero que en el fondo han creado engendros. Por ejemplo, el decreto legislativo 882 que hasta ahora no se anula, sobre universidades. Por eso se han creado muchas universidades de nivel ínfimo.

Ya que hablamos de leyes, veamos la ley del artista. En el capítulo II, hay una parte del artículo 45 que habla de la difusión nacional de cultura. ¿Es positivo que el Gobierno oriente a los medios de comunicación sobre difundir cultura nacional? Ellos piden 10 por ciento, pero en la realidad vemos que no se cumple ni un 2 por ciento…

En primer lugar, si se da una ley es para que se cumpla y si no se cumple mejor no debió darse. En segundo lugar, en un país medianamente serio no hay necesidad de una ley para estas cosas. Los propios medios de comunicación debieran hacerlo y no esperar a que los obliguen, y además desobedecer.

Supongo que expresa una buena intención, pero que desgraciadamente no corresponde al orden de las cosas. No debe darse leyes para eso, porque eso debe estar inscrito dentro del ethos de un medio de comunicación. Y finalmente, si se da la ley, en todo caso que no queden mal permitiendo que se le atropelle.

Y en el anteproyecto de la modificación de esta ley sigue la misma propuesta…

Es que nos contentamos mucho con la retórica, ¿sabes? Es lo que te decía con la Ley del Mecenazgo. Cuántas leyes se han dado, se han calmado una serie de inquietudes, pero es como si nada.

Usted me hablaba también un poco de la ideología. Que por su tendencia o simples cosas pueden decir “Salomón Lerner es caviar” y negarle el apoyo a la organización…

Espero que no sea eso, ¿no? El peor pecado que puede cometer cualquier persona en el terreno político es decir que las ideologías no existen. Y segundo, inserto como uno está dentro de una ideología, está mal convertirla en un dogma, no ser autocrítico respecto a la ideología que uno profesa. Estamos en medio de ideologías. No podemos escapar de eso, es una especie de cemento social. Lo importante es no absolutizarlas, no dogmatizarlas.

No hacerlas dueñas de la verdad

Claro.

El director de escena Massimo Gasparon me dijo en una entrevista que él ve mucha tendencia para izquierda en el arte, en Italia por ejemplo. Entonces, él me dice “El artista debe ser libre de ideologías”. Por ahí va la pregunta. Como gestor cultural y filósofo me interesa su opinión ¿usted cree que el arte tenga o pertenezca a alguna ideología?

No es que tenga ideología, sino que forma parte de una especie de atmósfera y como tal refleja determinadas inclinaciones, vocaciones, personalidades y gustos de momento. Pero no es solamente eso. No es solo pasivo, el arte también es promotor de nuevos ambientes y nuevas maneras de concebir las cosas. Yo, personalmente, creo que hay algo que podría resultar amenazante para el arte y que va de la mano, de pronto, con la radicalización de la idea de libertad, tal y como lo entendemos aquí, no en otro plano. De “no hay barreras para nada”.

Si bien el arte de alguna manera debe servir a su tiempo y reflejar su tiempo no puede hacerlo si es que con ello se menoscaba como creación, como obra del espíritu y que aspira a la realización en obras concretas, de algo que es superior.  Y podría estar ocurriendo que, a través del llamado “contemporáneo”, se establezca lo que hablamos desde un principio: el Carpe Diem. Y la obra de arte dura lo que dura una exhibición. Son simplemente las performance, las exhibiciones. Y se reviste de una cierta capa de intelectualidad con la cual quiere defenderse.

Imagino que hay que discernir entre lo que vale y no vale. El problema es que ocurre como en El Retablo de las Maravillas de Cervantes, es un poco la historia esta del rey que está desnudo y nadie se atreve a decir que está desnudo. Y todos “oh, qué hermosas vestimentas”. Frente a lo que no se entiende se dice que esto es inteligente.

A veces hay temor en el público para decir lo que siente, ¿no?

Claro, aquellos que dicen o quieren ser cultos y que frecuentan determinados círculos y a veces no tienen el valor de denunciar lo que sus ojos en el fondo no aprecian y se les ofrece como sublime.

¿Y cómo Sociedad Filarmónica también hay intención por difundir el arte contemporáneo?

Entramos poco a poco. Reconocemos que hay cosas muy valiosas. Pero vamos nosotros con cuidado, justamente porque somos una Sociedad centenaria. Sí, Stravinsky, Schönberg, pero ya no entramos demasiado en, digamos, la música dodecafónica, además porque tenemos que respetar a un público.

Que es demasiado tradicional…

Sí, es tradicional. Y yo creo que es válido optar por estas nuevas formas de música, siempre y cuando conozcas a la anterior. Porque si no conoces la anterior no puedes darle raíces a esto que admiras, que es nuevo.

No imagino gente que se diga amante de la música culta y que abomine a Bach, a Beethoven, a Brahms o a Mozart.

Tiene que haber un conocimiento integral.

Claro…

Eso significa, entonces, que en los propósitos de la labor pedagógica de la Sociedad Filarmónica, en algún momento, llegará a programarse el arte contemporáneo mucho más adelante…

Obviamente. Y sin echar atrás lo anterior.

En esta temporada ustedes están entrando a un terreno sinfónico

Estamos entrando a un terreno sinfónico y es arriesgado desde el punto de vista de inversión, pero esperemos salir adelante y no quebrar. Igual seguiremos también con lo nuestro que, principalmente, es la música de cámara.

Orquesta Sinfónica Nacional de Lituania en el primer programa de la Sociedad Filarmónica de Lima este 16 de abril en el Gran Teatro Nacional (Foto: SFL)

Orquesta Sinfónica Nacional de Lituania en el primer programa de la Sociedad Filarmónica de Lima este 16 de abril en el Gran Teatro Nacional

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2 comentarios en “Salomón Lerner Febres: “Crear un Ministerio de Cultura y no darle presupuesto es, simplemente, un gesto vacío”

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