El triunfo de Guillermo Tell

Escribe: Pablo Macalupú-Cumpén

Este año el Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda (FIAG) nos trajo una prometedora temporada que empezó con Guillermo Tell. Sin duda, el principal atractivo de esta edición ha sido el debut mundial de Juan Diego Flórez como Arnold, incluso algunos aficionados todavía polemizan sobre este tema. Y es que, en pocas palabras, Guillermo Tell es una ópera complicadísima de ejecución para los protagonistas, siendo Arnold uno de los personajes más complejos que se haya podido escribir en la historia de la ópera. Pero ahí está Flórez, asumiendo el reto apenas a sus 40 de edad y a solo unos años de cumplir 20 de carrera.

A lo largo del tiempo se nos ha acostumbrado a escuchar, sobre todo en el mencionado personaje, a tenores con una vocalidad más heroica teniendo ejemplos claros como Filippeschi, Poncet, Bonisolli, entre otros, cuyos volúmenes traspasaban pesadas orquestas y llenaban completamente el teatro. Pero, en mi opinión, no habría que entender a esta ópera como si fuese una composición propia del período romántico, sino más bien como una transición del bel canto hacia ese estilo. Por esas “tradiciones”, a más de uno sorprende que un tenor lírico ligero como Flórez lo intente, aunque en su tiempo ya lo hizo Gregory Kunde para el Festival Rossini de Pesaro, en Italia. Y precisamente en ese festival se presentará Flórez con el mismo personaje en agosto de este año. Todo un suceso para los rossinianos.

La apuesta del Granda para esta edición fue hacer un Guillermo Tell de elenco y sonido más parejo, juntando así a voces extraordinarias como la de Jessica Pratt en el personaje de Mathilde; al barítono Károly Szemerédy como Tell; al bajo Carlo Cigni como Gesler; a la soprano italiana Arianna Ballotta como Jemmy; Enkelejda Shkosa como Hedwige; a Ugo Guagliardo como Walter Furst; y finalmente a Ivan Magrì como un pescador.

Esta opinión corresponde a la función del lunes 4 de marzo, segunda y penúltima del primer programa del FIAG.

Dueto de Mathilde y Arnold (Acto II) - Fotografía: Gran Teatro Nacional

Dueto de Mathilde (Pratt) y Arnold (Flórez) en el acto II – Fotografía: Gran Teatro Nacional / Ministerio de Cultura

Durante el primer acto pudimos escuchar la potente voz del pescador interpretado por Ivan Magrì. A pesar de ser un rol pequeño, el tenor italiano aprovechó su momento para lucirse como debe alcanzando complicados agudos durante el cuarteto inicial con Guillermo, Hedwige y Jemmy.

El barítono Károly Szemerédy afronta el rol protagónico dotando al personaje de una personalidad escénica imponente que se refuerza con las cualidades vocales del cantante. Sumamente expresivo durante su aria “Sois immobile” (“Quédate inmóvil”), en la escena de la manzana, del tercer acto.

Además de Flórez, el otro atractivo de esta función fue, sin duda alguna, la participación de la soprano inglesa Jessica Pratt, quien es ahora una de las máximas representantes del bel canto. Su impecable técnica vocal le da al personaje el sentido preciso en cada momento de la ópera. Destaca por su buen manejo de la respiración y una facilidad para lograr notas altas. Ya desde su primera aparición en escena, hace mérito con la sublime romanza “Sombre forêt” (Sombrío bosque). Realmente extraordinaria.

Su enamorado del ‘bando enemigo’, Arnold, interpretado en esta edición por Juan Diego Flórez empieza con bastante cuidado durante sus intervenciones iniciales porque los verdaderos retos llegan en el segundo y cuarto acto. Si bien la voz de Flórez no tiene el peso y volumen como para llenar todo el teatro, la calidad de su técnica, la belleza de su canto y su interpretación escénica son la mezcla perfecta para obtener un resultado excepcional sin llegar agotado hasta su gran escena del último acto.

El primer dueto con Pratt (Acto II) fue lirismo puro, elegancia y delicadeza en el canto. Eso sí, por momentos, la voz de la inglesa destacaba más que la de Flórez; no obstante el resultado fue más que bueno. A continuación llegó el conmovedor terceto con Guillermo y Walter, tal vez una de las mejores escenas compuestas por Rossini. Sin mayor dificultad, Flórez realizó una interpretación superlativa del “Ses jours qu’ils ont osé proscrire” (¡¿Qué oigo?, ¡o crimen!) Por último, vale la pena mencionar también la famosísima y endiablada escena del acto IV. Más de 10 minutos en los que Rossini exige dos estados de ánimo en Arnold: primero, el hijo conmovido al recordar, en su hogar, la ausencia de su padre (“Asile Hereditaire”) y, luego, el ferviente patriota dispuesto a rescatar a Guillermo y vengar la muerte de su progenitor (“Amis, amis”). Virtuosísimo durante esta última escena con “los confederados”  demostrando su facilidad para alcanzar los agudos y sostenerlos arriba sin complicar el resto de su trabajo. Será interesante escucharlo nuevamente en Pesaro y constatar que este será un Arnold disfrutable, que deberá ser analizado independientemente de lo que nos ha acostumbrado la “tradición”. Al final, Flórez ha asumido el reto y lo ha pasado satisfactoriamente.

Juan Diego Flórez durante el terceto del II acto. Fotografía: Gran Teatro Nacional / Ministerio de Cultura

Juan Diego Flórez durante el terceto del II acto. Fotografía: Gran Teatro Nacional / Ministerio de Cultura

Imponente el Gesler que nos ofreció el bajo Carlo Cigni, muy buena presencia en escena a pesar de que es un personaje que aparece solo después de la primera mitad de la ópera. Bello timbre y destacable participación de Arianna Ballota como Jemmy Tell; y satisfactorio el trabajo de Enkelejda Shkosa en el rol de Hedwige, la esposa de Guillermo. A destacar también el Walter Furst de Ugo Guagliardo, manteniendo el buen nivel del reparto sobre todo con su intervención en el terceto del II acto que mencioné líneas arriba.

De los secundarios, vale resaltar el buen trabajo del Leuthold de Xavier Fernández. No es el caso del Melchtal (padre de Arnold) interpretado por Humberto Zavalaga porque, aunque breve, se le escucha una voz bastante gastada y poco cuidada. El Cazador de Carlos Martínez cumple con su trabajo. De otro lado, la pequeñísima voz de Juan Antonio de Dompablo fue ahogada por el coro y la orquesta opacando completamente el trabajo del tenor que personificó a Rudolphe.

Hay que destacar la participación del Coro Nacional en esta segunda función, que se lució en cada una de sus páginas (que no son pocas). Potente, parejo y muy bien ensamblado por el maestro Javier Súnico.

Espartaco Lavalle dirigiendo Guillermo Tell desde el foso del Gran Teatro Nacional - Fotografía: Gran Teatro Nacional / Ministerio de Cultura.

Espartaco Lavalle dirigiendo Guillermo Tell desde el foso del Gran Teatro Nacional – Fotografía: Gran Teatro Nacional / Ministerio de Cultura.

Finalmente, el trabajo del director Espartaco Lavalle con la Orquesta Juvenil Sinfonía por el Perú (reforzada con miembros de la Filarmónica de Viena y del Sistema de Orquestas de Venezuela) ha sido muy bueno. Correcta interpretación de la ópera desde la primera nota de la obertura hasta el emocionante concertado final, manteniendo tiempos adecuados que no aletargaban la obra, sino más bien la hacían disfrutable. Eso sí, en algunos momentos el volumen de la orquesta sobresalía ligeramente respecto a los cantantes. Lavalle también le dio el ritmo adecuado y suficientemente ‘bailable’ a todas las páginas en las que intervenía el Ballet Nacional. Sin duda, un exitoso debut en el Festival Granda que esperamos sea el inicio de más colaboraciones con la asociación.

El desacierto de esta producción fue el Ballet Nacional y no solamente por la ejecución desordenada de los bailarines sino también por la poca efectividad de la coreografía de Francisco Centeno. Imagino que por ello se tuvo que recortar el ballet y no incluir el “Pas Militaire”, que se vio en el preestreno y no se presentó en esta segunda función.

El "Pas Militaire" se presentó en el preestreno y fue omitido en la segunda función. - Fotografía: Gran Teatro Nacional / Ministerio de Cultura

El “Pas Militaire” se presentó en el preestreno y fue omitido en la segunda función. – Fotografía: Gran Teatro Nacional / Ministerio de Cultura

Por último, la puesta en escena de Massimo Gasparon fue apropiada y efectiva. Si bien la música de Rossini es exquisita, la historia es ajena a una cultura como la nuestra ya que trata principalmente de la independencia de Suiza. El regidor italiano, no obstante, sabe cómo hacerla más “familiar” para el público nacional… y con éxito. Transpone adecuadamente el tiempo (del Siglo XIII a finales del XIX) y refuerza la personalidad de cada ‘bando’ presentando un modelo universal de pueblo oprimido (suizos) y del dictador opresor (Gesler y sus huestes). Se pudo ver incluso referencias gestuales al fascismo. ¿Qué forma más clara de representar la tiranía sin exceder en la utilización de recursos innecesarios?

En suma, pudimos ver una puesta escénica que no comete los pecados de muchas ‘modernizaciones’ operísticas al exagerar a sus personajes o incluir elementos que alteren al drama, sino más bien, esta resultó un buen complemento a la música.

No cabe duda que esta función fue un éxito completo y dejó satisfecho al público del Gran Teatro Nacional, que compensó a los artistas con grandes ovaciones al final de la ópera. Y aunque muchos esperaban una recepción tal vez un poco fría o un teatro “no muy lleno” por ser una “ópera nueva” para un “público novato”, la realidad fue otra. La lección: no subestimar.

Juan Diego Flórez fue ovacionado en la penúltima función de Guillaume Tell, del FIAG 2013 - Fotografía: Gran Teatro Nacional / Minsiterio de Cultura

Juan Diego Flórez fue ovacionado en la penúltima función de Guillaume Tell, del FIAG 2013 – Fotografía: Gran Teatro Nacional / Minsiterio de Cultura.

Todas las fotografías son propiedad del Ministerio de Cultura del Perú y fueron tomadas el martes 26 de febrero de 2013 durante el ensayo general con público (preestreno) de Guillaume Tell (Rossini, 1829), en el Gran Teatro Nacional, en Lima, Perú.
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4 comentarios en “El triunfo de Guillermo Tell

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