El castigo terrenal del Don Giovanni limeño

A lo largo de la historia del arte podemos encontrar al Don Juan como un tema recurrente. En la música, por ejemplo, encontramos ballets, poemas sinfónicos y muchas óperas que, por supuesto, van desde la primera conocida: L’empio punito de Alessandro Melani (1669), pasando por el Giovanni de Giuseppe Gazzaniga, el de Vincenzo Fabrizi y el de Wolfgang Mozart, las óperas de estos tres compositores fueron estrenadas en el mismo año: 1787. No obstante, solo la historia y el tratamiento magistral a nivel dramatúrgico y musical de un tema tan complejo han dado la ventaja a la obra de Mozart por sobre las demás.

El tándem Mozart-Da Ponte logró un resultado casi perfecto en su Don Giovanni, teniendo, inicialmente, como punto de partida el libreto de una ópera estrenada a inicios 1787: el que escribió Giovanni Bertati para Gazzaniga. Este, a su vez, se basó la obra original de Tirso de Molina y también en “Le Festin de Pierre”, de Molière en el que, como explican diversos estudios, aparece el personaje de Elvira, quien persigue constantemente al personaje principal,  así como los campesinos Zerlina y Masetto con el perfil que encontramos en la obra de Mozart. Vale indicar además que en el “Dom Juan” de Molière, a diferencia de “El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra”, los espectadores no somos partícipes de las conquistas del protagonista como sí sucede en la obra de Tirso de Molina, sino más bien vemos a un seductor en decadencia. Y por ese lado es que fueron Mozart y Da Ponte.

Puliendo el libreto que Bertati hizo para Gazzaniga meses antes y bajo el paradigma del ‘dramma giocoso’ implantado por el dramaturgo Carlo Goldoni, la obra de Mozart y Da Ponte resulta de una calidad excepcional por el gran trabajo en equipo de ambos. De esta forma, el encargo hecho por Pasquale Bondini para la compañía de ópera del Teatro Nacional de Praga tras el éxito de Las Bodas de Fígaro, se estrenó el 29 de octubre de 1787 con una grandísima recepción del público y la crítica según cuenta Mozart a su amigo Gottfried von Jacquin mediante una carta.

En el Giovanni de Mozart y Da Ponte ningún personaje es más que el otro. Todos son importantes y por esta misma razón es complicado ponerla en escena: se requiere ocho cantantes de buen nivel y además una dirección escénica estudiada para que el espectador no pierda ningún detalle del libreto. Con todas estas exigencias, puedo decir que la Asociación Romanza cumplió su objetivo.

El último Don Giovanni que se vio en Lima estuvo a cargo de Prolírica, bajo la dirección escénica de Luis Alva, en el 2006. En esa temporada participó la soprano búlgara Svetla Krasteva como Donna Anna y el peruano Xavier Fernández como Masetto (igual que en esta producción de Romanza). Además, participó Luis Gaeta como Leporello, Jacqueline Terry debutó el pesonaje de Elvira y la joven Ximena Agurto recién debutaba en una ópera.

Volvamos al presente. Para este Don Giovanni, Romanza ha convocado a un reparto de artistas nacionales y extranjeros de gran nivel así como a dos directores con una interesante visión de la obra.

En el rol principal hemos escuchado al bajo barítono Homero Pérez Miranda quien agregó un personaje más a su repertorio que incluye óperas de Wagner, Verdi, Puccini, entre otros. Toda persona que interprete a Giovanni debe ser capaz de entrar en cada situación que el libreto y la partitura le presenten al cantante de turno porque en esta ópera, como mencioné líneas arriba, no se ve solo al hombre seductor y hedonista, sino también a un sujeto cínico y asesino; cada uno con una característica vocal diferente. En Pérez Miranda hemos escuchado a un Don Giovanni acorde a cada situación, aunque en algunos momentos pareciera distraído de las indicaciones de Tazzieri y se adelantara a la orquesta. El mejor momento llegó en su escena final con la estatua del Comendador; mientras que en su Fin ch’han dal vino saltó un poco la dificultad para afrontar la agilidad que exige esta aria.

La soprano búlgara Svetla Krasteva volvió a Lima con el mismo rol de hace seis años: Donna Anna. En la ópera, Anna es el personaje serio, víctima de Giovanni y prometida de Ottavio. Hay que destacar la interpretación vocal de Krasteva que llegó a su cumbre en su conmovedor “Crudele?… non mi dir”.

Don Ottavio, por su parte, interpretado por el tenor ilicitano Javier Agulló, quien tuvo que preparar en poquísimo tiempo el personaje tras la salida de Alexandre Guerrero del reparto, hizo un buen trabajo que se vio un tanto afectado por la contradictoria concepción escénica para su personaje. Sus interpretaciones de Dalla sua Pace e Il mio tesoro tuvieron buena acogida en el público.

Uno de los puntos máximos de este Don Giovanni, en la fecha de estreno, llega, en mi opinión, con tres personajes: Elvira, Leporello y Zerlina. Si bien la dirección escénica de Susana Gómez da una gran importancia a los personajes femeninos (entendible ya que no estamos ante el auge del Don Juan, sino más bien ante su decadencia), el criado de Giovanni fue también un buen cómplice para Pérez Miranda. Muy correcto en voz y en escena, el barítono español Luis Cansino nos ofreció un Leporello extraordinario, brillando en su aria del Catálogo, así como en las escenas grupales.

Por el lado peruano estuvo la mezzosoprano Josefina Brivio afrontando el personaje de la obsesiva Elvira (la mujer de quien tanto huye Giovanni). Excelente en todas sus intervenciones, a pesar de que en algunos momentos se percibía la exigencia vocal que le demandaba el personaje cantado normalmente por sopranos. Brivio sale airosa en cada una de sus participaciones cuyo punto máximo fue su “Mi tradi quell’anima ingrata”; conmovedora en su justa medida. De todos los personajes, Brivio fue el equilibrio perfecto entre lo dramático de la historia y lo cómico de algunas situaciones.

La mezzosoprano Jimena Llanos se lució en todo sentido como Zerlina. Aunque no estemos acostumbrados a escuchar este personaje con las características vocales de la cantante peruana, sino más bien una soprano ligera; Llanos hizo su trabajo con esa voz cálida que la caracteriza y superó toda expectativa. Mención aparte merece su interpretación escénica, de las que puedo destacar, sobre todo sus escenas con Don Giovanni y la del bálsamo con Masetto. Tal vez con una actuación arriesgada para una sociedad limeña estirada que, sin embargo, no llegó a ser escandalosa sino más bien pícara, romántica y muy bien lograda.

Adecuado el Masetto de Xavier Fernández, aunque escénicamente bastante ‘duro’ de movimientos, a pesar de su experiencia en escena e incluso en este mismo personaje (Prolírica, 2006), lo cual no justificaría ese resultado. No obstante, como se mencionó en el párrafo anterior, las escenas de pareja con Llanos fueron bastante buenas en la función que se comenta. Por tanto, el trabajo en conjunto fue óptimo.

El comendador de Marcelo Otegui fue potente a nivel vocal y muy adecuado en sus pequeñas, pero importantes intervenciones. Además, buena actuación.

Bastante buena la dirección de Lorenzo Tazzieri de principio a fin. Aunque se diga que por su edad (26 años) le falta experiencia, se nota que la hay sobre todo en el campo de la ópera, por lo que sería bueno hacerle un seguimiento y ver su desarrollo. A lo largo de la obra, Tazzieri se percibía muy alerta con los cantantes para ayudarlos, de ser necesario, y evitar cualquier inconveniente. Por su parte, hubo un resultado óptimo en el coro bajo la conducción del maestro Javier Súnico. El único detalle que señalaría es que la intervención de ‘las furias’ antes de la muerte de Giovanni fue cubierto, en buena parte, por la orquesta, cuando esta debiera incrementar la tensión del momento.

La producción realizada por Susana Gómez es adecuada y muy entendible de principio a fin para todo el público, aunque tuvo unos detalles que me dejaron dudas sobre la obra que explico aquí.

Inicialmente, esta dirección escénica quita muchas preguntas frecuentes en cuanto a los estudios que se han realizado sobre los personajes de esta obra, por ejemplo en el caso de si Anna fue violada o en realidad sedujo a Don Juan. En la concepción de Gómez, Anna lo seduce e intenta exculparse de ello acusando al libertino de violación. Obviamente, el duque Ottavio, enamorado, es quien cree esa verdad a medias (?) y acepta vengarse. El detalle viene aquí. Ottavio es el caballero que quiere vengarse esperando a la justicia, pero según Gómez, o al menos así se vio desde las butacas, era cobarde, un tanto inútil y, por sus movimientos, bastante cómico. Cuando, en mi percepción, Ottavio, Anna y Elvira son la parte seria de esta ópera y ni en escena ni vocalmente deberían ser cómicos. Así, considero que las escenas serias entre Anna y Ottavio por momentos tenían una dosis cómica excesiva (con lo que no quiero decir que hayan sido jocosas).

Por otro lado, la escena de Gómez elimina buena parte de lo sobrenatural de la trama al final de la ópera, pero crea una confusión. Escenas antes de la muerte del Don Juan, se ve que Ottavio ha pagado a Masetto y Zerlina para que ‘se venguen’ de Giovanni. Al final, la pareja de campesinos se convierte, de pronto, en sicarios. Estos detalles hacen difícil de entender el final en que vemos a Masetto limpiándose la cara gris y tirando la capa del comendador a un lado y más bien podría interpretarse como que el mismo cantante hizo los dos roles. Tampoco tiene sentido que Ottavio, siendo la antípoda de Giovanni, siendo el más ‘civilizado’ y correcto de toda esta historia y esperando que la justicia caiga sobre el libertino, sea quien pague por venganza. Viendo todo en su conjunto, llega a tener un resultado divertido, y también la venganza ya no es ‘divina’, ni sobrenatural, sino más bien terrenal y a sueldo. A pesar de todo, interesante lectura la de la maestra Susana Gómez.

Aunque sencilla la escenografía de José Sialer, es efectiva en casi todos los momentos, excepto cuando de pronto entra a esa especie de quinta de Lima de los años 20 el mausoleo del Comendador. Como sea, esos detalles son los que nos hacen recordar que no estamos ante una total tragedia.

Para no extenderme más, mi percepción de este Don Giovanni, a pesar de los detalles mencionados, es muy buena. Solo queda felicitar a Romanza por arriesgarse con esta producción y por traer artistas de buen nivel a quienes destaco, sin caer en patrioterismo, a los tres cantantes peruanos que formaron parte del reparto.

*Fotografía: Intermezzo.

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Un comentario en “El castigo terrenal del Don Giovanni limeño

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