Plácido Domingo: Un extraterrestre en Lima

Por Jorge Smith

Tres años después de su última visita, Placido Domingo ha venido a Lima y nos ha permitido apreciarlo en un teatro a la medida de su inmenso talento. Lo ha hecho, además, acompañado nada menos que de Ana María Martínez, una de las nuevas luces femeninas en el firmamento operístico.

Ambos se entienden a la perfección en los dúos y en todos los fragmentos de ópera que nos entregó en la primera parte  con obras de Franz Lehar y de Verdi, como también en las zarzuelas, los boleros y canciones latinoamericanas que entonaron en la segunda parte. En los gestos y movimientos también la sintonía fue perfecta.

Un programa vastísimo que sobre todo en su segunda parte parecía interminable, pero es que al gran tenor le gusta mostrar todas las facetas de su inagotable talento y es evidente que se siente muy a gusto de cantar en su idioma natal -el español- pasando con extraordinaria facilidad de la zarzuela al bolero (“Bésame mucho”, “Júrame” y “Solamente una vez”) y de allí también al tango (“El día que me quieras”) para rematar incluso con algunos conocidos mariachis.

En todos los casos, Plácido adopta el mejor estilo en que se deben cantar los diversos géneros musicales de esta parte del mundo, pues los siente como suyos y lo transmite con esa privilegiada voz.

A veces no tenemos conciencia de la suerte que tenemos de hablar el mismo idioma de este extraordinario artista, pues así lo apreciamos en la totalidad de su amplio repertorio, cuando interpreta obras que no son propias de la ópera. Y lo digo porque Domingo es un artista que es extraordinario cantando en otras seis lenguas, con interpretaciones de referencia en cada uno de los más de 140 roles que ha realizado en su dilatada carrera musical.

Al margen de que su voz siempre es bella en cualquier idioma, a veces, en algunos roles en francés o alemán sobre todo, se siente la procedencia de su voz original, de su idioma materno, el español. No es para menos, pues este madrileño nació y paso su infancia en Madrid y su adolescencia transcurrió en México. España y México son sin duda alguna, los países que tienen los acentos más pronunciados al hablar nuestro idioma.

El acento peruano tampoco le es muy ajeno, pues repetidas veces estuvo en nuestro país en su juventud, acompañando a sus padres en las largas temporadas de zarzuela que realizaban aquí.

En los años 50 o 60, dichas temporadas duraban dos o tres meses. No era fácil la vida para esas compañías ambulantes de zarzuela como la que tenía el padre de Plácido, pues daban generalmente dos presentaciones cada noche y tenían luego que ensayar los dos programas del día siguiente. Esa era la dura vida de sus padres y cuando habla de aquello, el tenor se conmueve enormemente.

Vale recordar que, en una estadía en Lima, el protagonista de este texto estampó un emocionado beso a la foto de su madre, Pepita Embil, que se encuentra actualmente en la exposición permanente ubicada en el Teatro Segura de Lima.

Es mérito de Domingo nunca haber abandonado su afecto por la zarzuela, injustamente denominada el género chico, en el mundo del canto, y lo que es más generoso de su parte, grabar obras de este género y así apoyar en su difusión y el interés de otros grandes cantantes -incluidos los de lengua extranjera- para agregar temas de zarzuelas en su repertorio.

Por eso también los limeños, que siempre han tenido alguna escondida debilidad por la zarzuela, han gozado a ya no más al escuchar algunos de los mejores dúos, cantados por Domingo y con alguien de la belleza de voz y encanto personal de Ana María Martínez.

Sin ser española, la cantante portorriqueña de origen cubano domina el género a la perfección. Hija de una soprano y un psicoanalista, es una excepcional intérprete que tiene un control absoluto del equilibrio sonoro entre su voz y la orquesta.

Por momentos su voz se mimetizaba con la sección de cuerdas como si fuese un instrumento más, para de pronto irrumpir con su particular tesitura. Esto fue evidente en las arias conocidas de la primera parte del programa, pero lo apreciamos sobre todo en “María la O” del genial cubano Ernesto Lecuona.

Allí estuvo magistral: navegando entre la sensualidad y la tristeza de la pieza. La melodía fluía mientras, al fondo de la orquesta, los cueros daban el ritmo creando una atmósfera tan especial. Es con voces como esta que Lecuona hubiese querido escuchar cantar esas minióperas que son algunas de sus canciones.

Plácido Domingo y Ana María Martínez (Fotografía: Ministerio de Cultura del Perú)

Plácido Domingo y Ana María Martínez (Fotografía: Ministerio de Cultura del Perú)

Domingo no es de este mundo

La versatilidad de Plácido Domingo es justamente lo que lo hace más extraordinario. En la primera parte del programa hemos notado la maestría con que interpreta los roles del repertorio más tradicional, en Verdi sobre todo. Es mérito de él también, de alguna manera haber resucitado muchas obras de juventud del italiano que habían sido casi olvidadas y que él ha interpretado en el escenario y también grabado en disco.

Esta vez, para su concierto en Lima, Plácido nos trajo un regalo inesperado: una parte del rol cantado por Siegmund, en el primer acto de La Valkiria de Wagner. Nos referimos al “Winterstürme”. Para muchos de los asistentes al concierto habrá parecido una sorpresa y un descubrimiento escuchar al tenor cantar obras de Wagner. Aunque la implicación de Plácido con los grandes roles wagnerianos, como óperas enteras, data ya de hace unos 20 años.

En sus primeras inmersiones en ese repertorio, muchos temían que el tenor aterrizase mal y fuese un mal paso en su exitosa carrera, pero para un extraterrestre como él, que ya era exitoso en todo el repertorio francés y sobre todo el italiano, dicho salto no fue al vacío sino algo muy bien meditado.

Progresivamente fue cantando Lohengrin, Tristan, Siegmund y Parsifal entre los grandes roles wagnerianos y no solo en la periferia del mundo lírico, sino en los mismos altares de la ópera como lo son la Ópera de Viena, la Scala y el Festival de Bayreuth, frente a los públicos más exigentes.

Plácido demostró que venir del repertorio lírico tradicional, sobre todo italiano, permitía una lectura diferente de la interpretación wagneriana. A un público acostumbrado a los heldentenor wagnerianos, el traía la alternativa de un timbre de voz, como era la que el mismo Richard Wagner inicialmente había querido para la interpretación de sus principales roles, una voz de tenor barítono.

Siegmund es, junto con Otello, uno de los personajes más sufridos del repertorio operístico, y un intérprete casi emblemático de Otello como Domingo podía dar muchas sorpresas si se proponía cantar Siegmund, y el resultado fue, de veras, no solo interesante en lo sonoro sino admirable como interpretación.

Siegmund y su hermana Sieglinde son de alguna manera los únicos personajes reales y podríamos decir humanos de la tetralogía wagneriana, en un mundo de dioses y semidioses, de gigantes y enanos, de odio y desmesuradas pasiones. Con los grandes heldentenores alemanes o nórdicos, el acento en la oscuridad de la voz era lo más predecible, pero a veces se exageraba al respecto, a nombre de la tradición. Quizás era lo exacto pues la tragedia siempre ronda en los suicidas y obsesivos personajes wagnerianos.

La Sinfónica en el acompañamiento de este fragmento estuvo excepcional, tejiendo con claridad esos leitmotiv, que son propios a la partitura wagneriana y que pueden en algunos casos evocar una imagen o una idea, pues en Wagner lo orquestal es mucho más revelador que las palabras o los actos y, en este caso, los temas que prevalecen son aquellos ligados a la tempestad, a la aflicción de Siegmund y sobre todo a la ternura de Sieglinde. La evolución psicológica de los personajes sigue a la música que la precede, para así desembocar en esa síntesis total que siempre buscó el maestro de Leipzig, en la cual el texto, los gestos y la música, forman un solo y único lenguaje.

Con Plácido la tragedia no deja de existir, pues esta es inherente al texto y a la música, pero hay una lectura que permite ver otros matices del personaje al impregnarlos de cierto lirismo.

El tono oscuro en la voz, que presagia las desgracias de Siegmund, está ahí en la interpretación de Plácido, qué duda cabe; y delinea a su personaje sin poner más de lo necesario, sin meter más leña al fuego. Cabe pues, una interpretación preñada de lirismo al cantar este fragmento, pues Siegmund está en un rapto de entusiasmo ante la llegada de la primavera, a la cual asocia el amor que ha nacido en él, quien está a pocos instantes de que Sieglinde le ponga un nuevo nombre que será justamente Siegmund. El texto realmente hermoso de Wagner canta por sí solo:

Winterstürme wichen dem Wonnemond,
in mildem Lichte leuchtet der Lenz;
auf linden Lüften leicht und lieblich,
W
under webend er sich wiegt;
d
urch Wald und Auen weht sein Atem,
w
eit geöffnet lacht sein Aug´.

Las tormentas invernales abren paso al delicioso Mayo,
con luz suave resplandece la primavera;
e
ntre suaves brisas, ligeras y dulces,
s
e mece la primavera tejiendo prodigios;
p
or bosques y prados sopla su aliento,
m
uy abiertos sonríen sus ojos.

Por eso el “Winterstürme” que nos entregó fue una verdadera lección de canto del maestro Domingo. No hay la dicción perfecta que tendrán otros tenores otros al cantar Wagner, pero su interpretación no deja de ser excepcional. El sentimiento esta transmitido con más capacidad expresiva que otros que logran definitivamente cantar Wagner con mayor brillantez. Por momentos canta con una tesitura más baja que la requerida pero sigue siendo estupendo.

El vibrato es más rápido que el que se suele utilizar, pero se adecua al fragmento si lo percibimos como una totalidad. La respiración y el fraseo, sí son siempre los adecuados cuando canta Wagner.

Es diferente también escuchar a Domingo u otro cantante cantar una aria o un fragmento, dentro de una ópera completa, sobre todo en los registros filmados en vivo o escucharlo en las grabaciones en vivo. Con los cantantes de origen latino, o que han hecho carrera con el repertorio tradicional italiano antes de abordar a Wagner, suele ocurrir que cuando cantan un fragmento de Wagner en concierto, comienzan cantando en lo que podría llamarse un estilo germano, pero conforme se acercan al final, se termina italianizándolo. Eso es algo que se le criticaba a Domingo inicialmente, pero hoy como lo hemos escuchado en Lima, hemos tenido una interpretación muy bella, equilibrada, que se sostiene por sí misma y no porque la cantaba quien la cantaba. Los grandes artistas como Plácido tienen inagotables recursos vocales.

Después del concierto quienes hemos abordado al maestro hemos vuelto a sentir su extraordinaria sencillez, su disponibilidad hacia alguna pregunta y lo atinado de sus comentarios sobre cualquier tema. A veces tenemos la impresión de que Plácido Domingo, después de cantar pierde conciencia de su grandeza como cantante y se siente como cualquier otro ser humano. Uno rápido se da cuenta de su cultura renacentista sobre los ámbitos más diversos, con un conocimiento enciclopédico de todos los detalles, de todos los roles que canta.

Nada le es ajeno sobre el tema musical, pues Plácido tiene también ya una larga experiencia como director de orquesta e incluso como administrador pues ha sido nada menos que director musical de la Opera de Washington y lo sigue siendo de la Ópera de Los Angeles, a la cual le ha dado un nivel sin precedentes.

Él solo hace lo que tres o cuatro personas juntas no logran hacer en toda una vida, pero como él lo dice, necesitaría por lo menos tres vidas como la de él para hacer todo lo que quisiera hacer en música. Pocos -o ninguno- han mantenido por cincuenta años una voz de tenor de tal frescura, tan llena de salud y belleza como la de este gran artista. Lástima nomás hasta ahora no haber tenido la ocasión de escucharlo en una ópera completa en el Perú.

Este mítico artista es, sin duda, el último en haber tenido tal continuidad y una tal universalidad en aceptación y aprecio. Un concierto de Domingo no es una simple sucesión de piezas cantadas; es toda una atmósfera que crea la presencia de un hombre que no solo posee una extraordinaria y bella voz, sino también un gran talento de actor y un magnetismo fuera de serie, como aquel que tuvo Pavarotti o María Callas, o en otros  campos musicales personajes como Frank Sinatra, Charles Aznavour, Rafael, o algunos de los otros pocos que poseen dichas cualidades juntas.

Plácido Domingo interpretando repertorio mexicano (Fotografía: Ministerio de Cultura Perú)

Plácido Domingo interpretando repertorio mexicano (Fotografía: Ministerio de Cultura Perú)

Gran participación del elenco nacional

La Orquesta Sinfónica Nacional otra vez ha estado espléndida en todos sus acompañamientos a los cantantes, como en las piezas instrumentales. Por otro lado, fue un gesto generoso de parte de Eugene Kohn y Domingo invitar a dirigir una pieza a Fernando Valcárcel, el actual titular de la Sinfónica. La orquesta brilló en todas sus filas con esta pieza. Con alguien dedicado a tiempo completo y, esperamos, por un buen número de años como titular de este elenco como Valcárcel, quien tiene una sólida formación, estamos por fin en camino de tener una orquesta de alta calidad.

El maestro Eugene Kohn mostró nuevamente en Lima el excelente nivel de su conducción. Si su agenda lo permite, es el momento de comprometerlo a ser un director que debe ser invitado con regularidad a conducir la Orquesta Sinfónica Nacional.

Se siente a gusto en Perú y tiene siempre la disponibilidad de transmitir su vasta experiencia. Los músicos mismos se sienten comprometidos y contagiados por el entusiasmo de directores de ese nivel.

Ahora con dos teatros como el Municipal y el Gran Teatro Nacional, ya no podemos traer gente de segundo nivel solo porque su disponibilidad lo permite. La Sinfónica el próximo año cumple 75 años, la cual es una edad respetable para cualquier orquesta en cualquier parte del mundo y merece todo el apoyo.

El maestro Néstor Villón, de la línea de percusión, con quien conversamos después del concierto de Domingo nos dio opiniones muy atinadas, que creo suscribirían todos los músicos:

El haber tenido cinco funciones a lleno completo de Akas Käs y ahora un triunfo con Plácido Domingo en un teatro extraordinario, que es nuestra nueva sede, no es algo que ocurre todos los días. Simplemente nunca nos había ocurrido algo así. No somos insensibles a esto. Esta situación nos estimula y también nos compromete. Ya muchas de las diferencias que hubo entre diversos grupos dentro de la orquesta se están subsanando. Creo que por fin además, en los miembros de la orquesta, hay el sentimiento de trabajar con un objetivo común: la excelencia. Estamos asistiendo además al nacimiento de un idilio entre la Sinfónica y el público limeño que –vislumbro- puede ser duradero.

Es deseo nuestro también que los limeños y los peruanos se sientan orgullosos de su orquesta, que se sientan representados por ella. Creo que es el momento ideal para que se den las mejoras salariales para todos los elencos. Esta será la mejor forma de fidelizar a los artistas con sus respectivos elencos. Hay en este momento la disponibilidad y el compromiso necesarios, pero si no hay el estímulo que lo sostenga, dicho compromiso puede esfumarse y luego es difícil volverlo a recrear”.

Esperamos que la calidad que ha tenido este buen inicio del Gran Teatro Nacional se mantenga a lo largo de los años y, mejor aún, que siga una línea ascendente en los diversos espectáculos a presentar.

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