Espartaco Lavalle, de Tumbes a Turquía en defensa de la obra

Por Pablo Macalupú Cumpén
@CamelloParlante

A veces uno no entiende las razones por las que en un país como el nuestro hay tanta mezquindad con muchos talentos. Lo que vale, entonces, destacar de la mayoría de artistas peruanos es la perseverancia. Y la historia del maestro Espartaco Lavalle tiene bastante de ello; tanto es así que hoy es uno de los directores más destacados del Perú cuyo talento ha llegado a países tan lejanos como Turquía.

El maestro Lavalle ha dirigido con éxito recientemente La Leyenda del Beso y a finales de agosto e inicios de septiembre el segundo programa (Suor Angelica y Gianni Schicchi) de la Temporada 2010 de la Ópera de Lima. De hecho, su destacado trabajo no queda ahí, la dirección del Simon Boccanegra de Verdi en Turquía le trajo elogios de la crítica especializada.

A unos días de su retorno a ese país, Espartaco Lavalle nos recibió en el Teatro Segura en donde pude hacerle una entrevista con fondo musical del coro Ciudad de Lima que ensayaba para la gala lírica que se presentó al día siguiente.

El propósito, como se ha venido haciendo con otras entrevistas publicadas en el Camello Parlante, es presentar al personaje que está detrás del escenario… o en su caso, en el foso de orquesta. El maestro Lavalle es entonces, a mi percepción, amable como persona, destacado como artista y analítico e inteligente como director, sobre todo porque tiene claro su propósito y labor de músico.

Del pequeño Espartaco al director de orquesta

Camello Parlante: Maestro, cuéntenos de su infancia y su inclinación a la música.

Espartaco Lavalle: Empecé a los cuatro años estudiando piano en una academia particular. Yo nací en Trujillo, pero en ese entonces mi papá trabajaba en Tumbes y nos mudamos allá. Ahí había una academia de piano a la que mi mamá me llevaba desde que estaba en el jardín. A los 8 años regresé a Trujillo e ingresé al conservatorio.

C.P.: Entonces la carrera de músico ha sido de toda la vida

E.L.: Sí, casi sin interrupción.

C.P.: Y desde pequeño ha dado conciertos…

E.L.: Claro, pero esos son los recitales típicos de academia. Donde tocas una piecita y se acabó. Pero desde chiquito ya tocaba. Mi papá tiene unas grabaciones en Cassette… hay fotos, también.

C.P.: Ese gusto por la música académica viene de los padres, entonces

E.L.: Sí, el gusto ha venido de ellos. Mis papás eran muy aficionados. Mi mamá fue una alumna de cello que salió del conservatorio por seguir una carrera universitaria. ¿Es la típica, no? Dejar la música por la universidad.

Yo hice al revés, dejé la universidad por la música. Estudié dos años y medio ingeniería civil, y en una universidad nacional estudiaba educación.

C.P.: ¿Por qué decidió dejar, entonces, la carrera universitaria por la música?

E.L.: Bueno, yo he seguido estudios musicales desde los 8 años en el conservatorio. Cuando terminé el colegio ingresé a la universidad, pero seguía en la música. Incluso me cambié de instrumento, ya no estudiaba piano, sino violín. En el 90, cuando salí del colegio, me gradué en el programa de formación temprana del Conservatorio de Trujillo.

Desde el año 92 que ingresé a la Orquesta Sinfónica de Trujillo dije, bueno, si ya trabajo como músico, me gustaría seguir en esto y hacer una carrera. Dos años después vine a Lima porque gané una plaza en la Orquesta Sinfónica Nacional y ahí fue cuando decidí dejar la universidad. Postulé al conservatorio a composición musical.

C.P.: ¿Cómo entonces surgen los deseos de ser director?

E.L.: En realidad, yo siempre he querido ser director de orquesta, pero acá no hay una escuela para ello. Además, cuando eres un chico de 15 o 16 no puedes estudiar dirección; es toda una formación musical teórica, de lectura, ritmo, apreciación musical…

En Perú no hay escuela para directores. Lo máximo que se puede estudiar es composición, lo más cercano a director de orquesta. Entonces dije, estudiaré esto mientras hago mis prácticas como profesional de la OSN.

Mientras estudiaba, hubo un contacto con Venezuela el año 97, con las orquestas juveniles. Ahí fue cuando empecé a ver la posibilidad de hacer estudios de dirección de orquesta. Hice dos talleres en Venezuela uno con Sung Kwak y el otro con Wolfgang Trommer.

C.P.: ¿Siempre hubo gusto por la composición?

E.L.: Bueno sí, fue desde siempre. Siempre tuve la curiosidad de hacer mis propios arreglos musicales, componer mis propias obras, desde chico. Todavía conservo algunos trabajos. Incluso yo en el colegio dirigía un grupo musical de cinco personas. Entre los cuales estaba mi hermano que toca en la Orquesta Sinfónica Ciudad de Lima (Romanza). Hay dos chicos en la orquesta que fueron parte del grupo a finales de los 80.

El mtro. Lavalle es director musical residente del Teatro Estatal de Ópera y Ballet de Izmir - Turquía (Foto: Oskar García)
El mtro. Lavalle es director musical residente del Teatro Estatal de Ópera y Ballet de Izmir – Turquía (Foto: Oskar García)

El trabajo del director

C.P.: Cuéntenos un poco de su trabajo con Romanza.

E.L.: En realidad, que exista una institución como Romanza en nuestro país es un gran lujo. Yo nací como director lírico con Romanza, el 2005, con La Venta del Quijote, homenaje que hicimos por los 400 años de la primera publicación del libro de Cervantes. Esta obra fue estreno en Perú. En realidad si no se me hubiera presentado esa opción, no me verías nunca parado dirigiendo nada. Siempre me cerraron las puertas para dirigir.

C.P.: ¿Por qué motivo?

E.L.: No sé, nunca me dijeron por qué no me dejaron dirigir. La primera oportunidad para hacerlo me la dio Teófilo Álvarez en Trujillo, en el año 2000 y después de cuatro años el maestro Sánchez Málaga me ofreció dirigir la Sinfónica, a partir de ahí, desde el 2004, han sido una serie de intervenciones, llamadas, invitaciones.

El 2005 por ejemplo fui a España invitado por Pascual Osa. El 2007 vino Tulio Gagliardo y me invitó a trabajar en Turquía con él, a partir del 2008. Por eso estoy allá.

C.P.: ¿Cómo es el trabajo de Espartaco Lavalle con sus músicos?

E.L.: Yo insisto mucho en el tema técnico. Me gusta mucho el ensamble y voy directo al punto más difícil que es la articulación. Ahí tú solucionas todos los problemas. La articulación te ayuda para la afinación, el ritmo y el fraseo. Esto consiste en que, por ejemplo, la sección de cuerdas domine y establezcan los mismos golpes de arco para determinada parte de la obra.

Hay dos conceptos básicos en la música, legato y no legato, ahí radica la esencia de la articulación y yo incido mucho en ella. Si tú tocas junto puedes tocar afinado, si tocas afinado puedes frasear, si tocas junto, afinado y fraseas, recién haces música.

C.P.: Ese trabajo entonces es muy riguroso…

E.L.: Ese trabajo se hace en las lecturas. Incluso se hace por separado, primero cuerdas, luego vientos. La percusión es una tercera familia de la orquesta que es la más importante para mí en el plano expresivo. Percusión es color y hay que balancearlo. Todo esto se va a unificar en los ensayos.

C.P.: Usted prefiere ceñirse a la exactitud que pide el compositor o es de un estilo más libre al momento de dirigir

E.L.: Yo soy un director que me baso en la defensa de la obra. No pretendo destruirla. En ópera, por ejemplo, lo que se hace mucho es la famosa “tradición”. Y como dijo alguien, tradición es la última mala interpretación de la obra.

C.P.: Claro, algunos dicen que se toma más como referencia a las grabaciones antiguas que a la partitura misma…

E.L.: Sí, las grabaciones antiguas de las obras se basaban en los caprichos de los intérpretes. Incluso muchas obras se modificaban por ellos y el compositor accedía a los cambios que quedaban como referencias y no es así. Hasta ahora se hacen modificaciones a las óperas.

C.P.: ¿Cree que estos cambios sean por imposición de los directores de escena?

E.L.: Sí, puede ser.

C.P.: ¿Y no ha tenido algún problema con la dirección de escena?

E.L.: No. Si el director quiere transgredir la obra o cambiar el sentido ahí sí me opongo. Pero si veo que lo puedo manejar en el transcurso de las funciones no me opongo, porque a la hora de la función uno sabe que el director es el que manda.

De hecho ha habido discusiones a veces por velocidades, tiempos, porque los telones no bajan juntos o el coro está muy atrás, el solista no me ve, cosas que se van afinando con el paso de las funciones. Eso es lo bonito de la ópera: siempre hay la posibilidad de ir más allá de lo establecido.

C.P.: ¿Como director, prefiere puestas en escena modernas o tradicionales?

E.L.: Me da lo mismo. Por ejemplo, el año pasado dirigí L’elisir acá y fue ambientado a un pueblo peruano. Yo digo, si no transgrede la obra normal. Eso sí, alguien me sugirió por instrumentos peruanos, ahí me opuse. Si se hace la ópera en ambientes peruanos, no quiere decir que todo debe serlo.

C.P.: ¿Disfruta dirigiendo música sinfónica?

E.L.: Claro que sí, conozco más de música sinfónica que de ópera. En realidad, llevo más años dirigiendo música sinfónica que ópera. Me gusta.

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=YJ0SL-0TNvU]

Inicio del acto II de L’elisir d’amore, ópera de Gaetano Donizetti (Lima, agosto y setiembre de 2009). La dirección de escena de esta obra fue ambientada a un pueblo peruano.

Sobre políticas culturales

C.P.: ¿Cómo ha sido su paso por el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles?

E.L.: En el año 97, cuando viajé a Venezuela, hubo un primer contacto con José Antonio Abreu. Él ya había hecho contacto con el conservatorio y con Andrés Santa María para establecer la orquesta. Incluso ya estaba formada por decreto. Abreu me dijo, entonces, tenemos este decreto y debemos hacerlo funcionar.

De hecho, el conservatorio y la orquesta debían intervenir, por eso llamaron a los directores de ambas instituciones y junto conmigo decidieron fundar o reactivar la Orquesta Juvenil del Perú que comenzó el año 2000 y dirigió José Carlos Santos. Ahí yo estuve participando como miembro de la orquesta o representante o líder juvenil -denominaciones propias de Abreu-.

Por decisión mía, motivos musicales y personales decidí retirarme. Le manifesté al maestro Abreu que prefería no continuar con el proyecto porque no se llevaba como se debería o como se ve en el modelo venezolano.

C.P.: ¿En qué sentido?

E.L.: Estrictamente, en el sentido musical. Porque el sistema venezolano tiene unos esquemas muy claros. Tienen ensayos parciales, instructores, elección de repertorio clarísimo. Incluso está plasmado en libros. Hay que tener mucho cuidado con la implementación y llevar a cabo ese sistema.

En el 2000 empezó este trabajo y yo me retiré. Pero siempre hubo una relación cordial con Abreu. El director pasó a ser Wilfredo Tarazona.

El año pasado, entonces, Abreu se entera que yo estoy en Turquía y manifestó “querer reivindicarme en mi país”. Me llamó y me dijo que yo debería ser el líder del sistema. Yo me puse a disposición y el INC decidió tomar el proyecto como propio.

Entonces vine a trabajar para el concierto que fue el 14 de noviembre del 2009. La historia quedó ahí. Decidí no participar porque no estaba de acuerdo cómo se llevaba el asunto. Cuando me llaman el maestro Abreu y Juan Diego Flórez decido participar porque ahí sí se iban a dar las condiciones en las cuales una labor como esta debería llevarse.

Este sistema requiere una labor pedagógica seria, con responsabilidad. No es un trabajo que se sostiene solo en la inclusión, participación o convocatoria.

C.P.: ¿Cree que ahora se esté llevando mejor el Sistema?

E.L.: Yo estoy alejado de todo esto. El año pasado renuncié al cargo. Asumí la dirección con el propósito de llevar a cabo el concierto. Juan Diego se quedó sorprendido por la capacidad de los profesores que habían llevado el proyecto durante 6 meses. Es que ahí se sustenta este trabajo, en la capacidad formativa de los profesores e instructores.

Cualquiera puede dirigir el proyecto, quienes enseñan son los maestros instructores, por eso son importantes. El director musical solo va a controlar y como tiene conocimiento del funcionamiento de la orquesta va a supervisar que todo esté bien y ensayar con el grupo, pero los instructores son básicos.

C.P.: Juan Diego Flórez dijo en una entrevista que le gustaría mantener independiente al Sistema de Orquestas del ambiente político, porque puede suceder lo que en México “Un sistema asfixiado por los cambios del gobierno, que buscaba controlarlo” ¿Podría suceder algo similar en Perú?

E.L.: Abreu dijo un día que si él hubiera tenido la materia prima del Perú en Venezuela, la historia habría sido diferente. Perú tiene mucha materia prima en talento y música. Si él ha hecho un gran imperio que conquista el mundo, quiere decir que ha habido un planteamiento musical y pedagógico serio, no político. Esa es la base.

Luego se le dio el carácter social, y ahí los políticos necesitan brindar apoyo porque para hacer un concierto se necesita plata. Tiene que haber un agregado, una cosa extra que motive a los políticos y los sensibilice a participar.

La genialidad de Abreu está ahí: darle carácter social y haber servido como modelo para otros países. ¿Dónde viene lo político, entonces? En que a cada gobernante hay que “enamorarlo” y volverle a plantear el proyecto y no todos lo entienden. Entonces ahí es un trabajo de imagen, de marketing y de reincidir en el tema social, ligado al pedagógico y cultural.

C.P.: ¿Cómo calificaría la gestión del INC respecto a los elencos nacionales?

E.L.: Yo he sido miembro de la OSN durante 14 años. Desde que entré hasta que salí, todo sigue igual. No ha habido ningún cambio. Esto no es cuestión solo de los músicos ni del director, es cuestión de la política cultural que se aplica.

Una orquesta con una plantilla de casi 40 músicos nombrados, la gran mayoría por servicio, y con un sueldo promedio de 300 dólares al mes, no puede tener buen rendimiento. Con las autoridades como las que hemos tenido estos últimos cinco años, ignorantes de lo que significa el trato a los elencos artísticos no se puede obtener buenos resultados. Hay que cambiar la política.

C.P.: ¿Y qué opina del trato que recibió el maestro Matteo Pagliari?

E.L.: Lo que pasó con Matteo, que es un gran amigo, un gran director, fue lamentable. Ese trato, por ejemplo, lo recibí yo también cuando dirigía el sistema. Incluso quedaron con una deuda, me hicieron rebajas de sueldo arbitrarias… yo tuve que pagar un viaje a Trujillo para un taller y nunca me devolvieron el dinero. En realidad, trabajé por el compromiso que asumí.

Un músico debe luchar todos los días para que la presentación salga bien, lo que pase antes o después es parte de su profesión.

Espartaco Lavalle dirigirá el próximo año Il Trovatore, en Lima (Foto: Oskar García)
Espartaco Lavalle dirigirá el próximo año Il Trovatore, en Lima (Foto: Oskar García)

Lavalle, un peruano en Turquía

C.P.: ¿Cómo es el trabajo en el Teatro Estatal de Ópera y Ballet de Izmir en Turquía?

E.L.: Es el típico teatro de ópera, totalmente estable. El estado mantiene alrededor de 6 casas de ópera y solo en el Teatro de Izmir hay en orquesta 80 personas, en ballet 40; 50 en coro, más solistas, vestuaristas, registas, correpetidores… casi mil personas que el estado mantiene.

La primera vez, me llevaron con un contrato por 45 días para hacer una opereta en turco. Apenas llegué, me dieron la partitura y el texto. Como no conocía el idioma todo era por oído, me guiaba también por algunas traducciones. Terminado el contrato me ofrecieron el ballet, que era Don Quijote. Como les gustó el trabajo me ofrecieron contrato por un año. Desde ahí estoy todos los años, hasta ahora. Es el tercer año que vivo por trabajo en Turquía.

C.P.: Cuéntenos sobre el Simon Boccanegra que hizo en Turquía y recibió elogios de la crítica especializada.

E.L.: Fue una cosa del azar, yo no iba a dirigir esa obra. Ese era trabajo de uno de los maestros más antiguos del Teatro de Izmir que, lamentablemente, se enfermó. Cuando llamaron al otro maestro, ex director de ahí, me convocaron como asistente, pero el director también se enfermó. La directora del teatro me dijo “tú lo tienes que hacer”.

C.P.: ¿…Y en cuánto tiempo tuvo que preparar la obra?

E.L.: En un mes. Normalmente, ellos preparan las producciones con bastante tiempo de anticipación. A mí me llamaron el viernes y me dijeron que tenía ensayo el lunes, yo estaba en Antalya haciendo un concierto con Guadalupe Sánchez. Pregunté cuándo iba a recibir la partitura y me dijeron que sábado por la tarde.

Como imaginarás, todo el domingo estuve estudiando porque al día siguiente tenía ensayo con la orquesta.

Final del Prologo de Simon Boccanegra, ópera de Giuseppe Verdi (Izmir, febrero de 2009).

Sobre críticos y referentes

C.P.: ¿Qué opina de la labor que ejercen los críticos en el Perú?

E.L.: Pienso que la crítica en el Perú es más una especie de crónica cultural de lo que vio y sintió el autor en el momento de la función. Y creo que eso es más importante. En realidad, la ópera no es un arte que merezca crítica. Es un arte que se siente en el momento. Lo que plasmas en un papel es lo que sientes en un día y eso puede cambiar con el paso de las funciones.

La crítica no debería hacerse en la función entonces, sino en la propuesta. Ahí el crítico debe hacer su labor. Ya cuando vas a la función ves cómo resulta todo. Lo que se debería criticar es el concepto, no la obra ni la función.

C.P.: ¿Cuáles son sus directores referentes?

E.L.: Siempre he sido admirador de los grandes directores rusos y húngaros. Y por el lado más occidental, de los grandes directores italianos como Toscanini, Giulini, Muti… y el más grande que es Abbado.

C.P.: ¿Y compositores referentes?

E.L.: También rusos. Pero bueno, para música sinfónica es una ley Alemania. La influencia de Bach, Beethoven, Brahms ha ido a Mahler, Bartók, Stravinsky, a los grandes. Y bueno, en ópera: Italia.

C.P.: Para finalizar, ¿qué proyectos tiene para los próximos meses?

E.L.: Ni bien llegando a Izmir me pongo a asistir el Otello de Verdi; luego, tengo el ballet Don Quijote ahí mismo; Don Pasquale en la Ópera de İstanbul; Concierto de año Nuevo en Mersin; Cinderella en Eskişehir; luego Adriana Lecouvreur, El Pájaro de Fuego (Stravinsky) e Iphigenia in Tauride, todas en Izmir.

Y bueno, el próximo año la gran reinauguración del Teatro Municipal con Il Trovatore. Cosa irónica porque participé en el último espectáculo como músico antes de que se queme el teatro. Será una temporada interesante.

Anuncios

7 comentarios en “Espartaco Lavalle, de Tumbes a Turquía en defensa de la obra

  1. Que orgullo tener profesionales en la música con tanta capacidad y proyeccion.
    Los mejores deseos al maestro Espartaco Lavalle Terry
    Es desde hace un largo tiempo ya un producto digno de exportacion.
    Estuve en la puesta en escena de Gianni Schichi.Excelente trabajo!

    Me gusta

  2. Pingback: Maestro Lavalle dirige por primera vez en la Ópera de Estambul « Camello Parlante

  3. Pingback: Espartaco Lavalle dirige Otello en festival turco « Camello Parlante

  4. Pingback: La Ópera de Lima abre hoy su Temporada 2011 « Camello Parlante

Comenta, pues

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s