Mahler, el romántico tardío

Gustav Mahler

«…el mundo de Mahler nos enseña a escuchar de nuevo
de una forma más variada, más ambigua, más rica».

-Pierre Boulez

Hoy se cumple 150 años del nacimiento de Gustav Mahler y todo el mundo prepara lo que será una celebración doble, ya que este año se homenajea al compositor bohemio austriaco por su nacimiento y el próximo por los 100 años de su muerte (1). Sí, Mahler solo vivió 50 años, pero en ese corto tiempo de vida dejó huella en una sociedad que ha ido comprendiéndolo poco a poco.

Mahler nació el 7 de julio de 1860 y fue el segundo hijo de los 14 que tuvieron Bernard Mahler y Maria Hermann, un matrimonio de comerciantes judío. Los Mahler eran destiladores y cafeteros de Kaliste, un pueblo cerca de la frontera entre Moravia y Bohemia, según la referencia que da Henry-Louis de La Grange en su libro “Viena, una historia musical” (pág. 273).

Infancia y juventud.- Se dice que el compositor se dio cuenta de lo que significaba la muerte desde pequeño ya que nueve de sus hermanos murieron durante la infancia; su hermano, Otto Mahler, se suicidó. Sin duda, esto influyó en cierto modo en su personalidad y sobre todo en la creación de sus obras.

Mahler de niño

Mahler de niño, posiblemente 6 años

En 1865, a los 5 años, Mahler recibe sus primeras clases de piano y teoría musical con Franz Sturm; el violinista Johannes Brosch; el director del Teatro de Iglau, Franz Viktorin; Wenzel Pressburg; el contrabajista Jakob Sladky; y finalmente, con Heinrich Fischer, director del coro masculino. Recién en octubre de 1869 Mahler ingresa a la escuela primaria. Al año siguiente debuta en público tocando piano en el Teatro de Iglau.

Es así que Mahler fue demostrando desde pequeño su talento y disposición a la música y al arte. Cumplidos quince años ya había interpretado a Liszt y Mendelssohn en su escuela, la Fantasía sobre un tema de Norma de Thalberg en el concierto de la boda de la Archiduquesa Gisela y el Príncipe Leopold Maximilian de Baviera, y compone algunas escenas de una ópera cuyo libreto escribió su amigo. Todo esto convenció a su padre de que el joven Gustav debía dedicarse a la música. Es así que el 10 de setiembre de 1875 se inscribe en el Conservatorio de Viena.

Henry-Louis de La Grange recoge pasajes interesantes de la vida de Mahler que serán detallados sobre todo en esta parte. Cuando el padre del compositor llevó a su hijo a Viena para presentarlo ante Julius Epstein, gran pianista austrohúngaro, amigo de Brahms y maestro destacado del Conservatorio de Viena (también fue maestro de la famosa soprano de coloratura Marcella Sembrich), este dijo «¡Señor Mahler, su hijo es un músico nato!», luego de escucharle interpretar piezas clásicas.

Sobre la formación intelectual de Mahler, De La Grange cuenta en su obra citada que el compositor conoció bastante del repertorio por la lectura de partituras. Aquí un extracto del texto en el que el autor comenta un poco sobre las influencias musicales del compositor bohemio.

«Pero su descubrimiento del repertorio lo debe sobre todo a la lectura de innumerables partituras, mientras devora con el mismo insaciable apetito la gran literatura clásica y romántica, de Goethe, Hólderlin, Hoffman, Jean Paul y también Cervantes y Laurence Sterne. Y sin embargo, sus dos influencias principales, que más tarde darán a su obra una originalidad y un sabor únicos, no son de origen culto: se trata de la música militar del cuartel de Iglau, cuyo eco se puede oír en casi todas sus sinfonías, y músicas populares de esta región particularmente rica en folclore alemán y checo».

Henry-Louis de La Grange: Viena, una historia musical.
“Gustav Mahler: una juventud estudiosa y decepcionada” pp. 273-275

Músico y compositor.- Aquí se abordará un poco de sus obras principales, sin dejar de lado sus primeras composiciones luego del estudio en el conservatorio, como la cantata Das Klagende Lied (La canción de las lamentaciones) con la que concursó para el Premio Beethoven, pero no ganó.

Como en todo artista, no se puede analizar su trabajo desde un punto de vista tan despersonalizado, es decir, no pretenda comprender la música de Mahler sin entender su vida privada, su contexto o, en todo caso, sus motivaciones. De La Grange cuenta que la vida del compositor estuvo marcada por pruebas muy duras (aparte de las mencionadas arriba).

«El suicidio de una joven amiga, el primer acceso de locura de Hans Rott, la pasión desdichada por una joven de Iglau, a quien dedica sus primeros Lieder inéditos, a lo cual se añade pronto el fracaso de Das Klagende Lied en el Premio Beethoven. Y sin embargo, Mahler no es de los que se dejan abatir. Dado que el mundo no quiere saber nada de él como compositor, él impondrá al mundo sus obras futuras el día en el que haya conquistado la celebridad como director de orquesta». (De La Grange, op. Cit.).

Se dice que como director de orquesta era muy exigente. Sus concepciones sobre las obras que dirigía estaban bien fundamentadas, y esto agregado al carácter fuerte que todos le veían. A su vez Malher ganaba una especie de devoción por parte de otros músicos. El compositor detestaba la mediocridad musical al punto de sacar de una orquesta a los músicos que no eran lo suficientemente competentes para afrontar el profesionalismo que requería una partitura. Su admirador y amigo Bruno Walter, el famoso director musical, recoge una segunda impresión que tuvo de Mahler cuando lo conoció dirigiendo una ópera. Aquí un extracto:

«Mi recuerdo siguiente data de un ensayo de Hansel y Gretel que iba a ser montada en la Opera de Hamburgo. Yo no había conocido nunca un ser humano del que se desprendiera tal impresión de fuerza; nunca había podido pensar que con una sola palabra breve y sin réplica, por medio de un único gesto imperioso sostenido por una perfecta claridad de espíritu y de intención, se pudiera inspirar a los demás un terror inquietante y forzarles a una obediencia ciega. El pianista que le acompañaba en el ensayo le exasperaba; de repente —con gran alegría por mi parte— Mahler me vio en los pasillos y me preguntó si me atrevía a acompañarle leyendo a primera vista una ópera que yo no conocía. Mi orgulloso «¡Desde luego!» le hizo sonreír divertido, y con un gesto despidió a mi infortunado colega y me instaló en su lugar. En la escena del bosque, el efecto del eco que los coros repiten en diversos momentos estaba muy mal conseguido; Mahler se volvió hacia mí y me dijo, más o menos: «cuento con usted para saber qué es lo que ocurre en un bosque; haga que me repitan los ecos».

Este primer ensayo me permitió ya estudiar bien sus métodos de trabajo. Dirigía, daba órdenes sumergiéndose en el espíritu de la obra, sabía exactamente adónde quería llegar. Impaciente y brutal con la nulidad y la insuficiencia, se mostraba atento y benevolente en cuanto vislumbraba algo de talento y entusiasmo.»

Bruno Walter: “Gustav Mahler”
Capítulo I: Primer encuentro

Bruno Walter, Arturo Toscanini, Erich Kleiber, Otto Klemperer, Wilhelm Furtwängler

Bruno Walter (izq.) junto a Arturo Toscanini, Erich Kleiber, Otto Klemperer, Wilhelm Furtwängler (Foto: Blog Classic Musica)

Respecto a sus técnicas de dirección Walter hace referencia a la hostilidad que mostraba el compositor sobre el uso excesivo del rubato (aceleración o ralentización del tempo para aumentar su expresividad) en la interpretación operística, incluso aceptado que en las obras italianas a veces era necesario como recurso estilístico. «Dio, en el curso de una inolvidable representación de La Traviata, un ejemplo perfecto de la utilización controlada del rubato, con una línea melódica dictada únicamente por el ardor y la pasión y no por los caprichos de los cantantes». (Walter. Op. Cit).

Gustav Mahler

Gustav Mahler (1860-1911)

Ya entrando al ámbito de sus composiciones, más precisamente, de sus 9 sinfonías (y una décima inconclusa), es bueno iniciar esta última parte con un comentario del gran director Pierre Boulez, que se puede encontrar en el prólogo de “Gustav Mahler”, obra ya mencionada de la biografía escrita por Bruno Walter.

«Qué curiosos extremos presenta la obra entera de Mahler: se pasa directamente del «lied» excesivamente corto a la sinfonía excesivamente larga. ¡No hay obras medianas! Podríamos asombrarnos… Podríamos incluso preferir captar el instante, la inmediata perfección —sin problemas—, la agudeza de la transcripción que caracterizan los cortos «Heder». Si se ha expresado la idea esencial, ¿para qué estirar, alargar, amplificar más allá de cualquier expectativa? Y, sin embargo, por perfecta que sea la concisión de esos «poemas», la dimensión verdadera de Mahler se manifiesta en esos movimientos largos, desmesurados, a menudo problemáticos, pues la difícil lucha con la dimensión épica resulta más fascinante que un logro de dimensiones demasiado visiblemente circunscritas por los límites de un género muy característico».

Pierre Boulez
(Prólogo a “Gustav Mahler”, de Bruno Walter)

London Symphony Orchestra interpreta el primer movimiento de la
Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler. Dirige Leonard Bernstein.

Como dice el título de este artículo, Mahler es un compositor del período romántico tardío o postromanticismo. Y aunque se le considere un precursor de la Segunda Escuela de Viena (Schönberg, Berg y Webern), sus obras no deben considerarse como totalmente atonales o con las características de esta trinidad. Bruno Walter dice en el prólogo de su libro:

«Los efectos que han podido tener dos guerras mundiales y su prolongada duración en el pensamiento, las emociones y el comportamiento de nuestros contemporáneos, y los daños que han causado al espíritu y al contenido de nuestra cultura han sido tan espantosos, que es alentador constatar que una obra característica de una edad de la razón, a pesar de su originalidad, y madurada bajo la influencia de los grandes clásicos, ha llegado a ocupar semejante lugar en el seno de nuestro turbado mundo. Basta considerar, por ejemplo, las dramáticas consecuencias de la crisis que siguió a la primera guerra mundial; el arte, unas veces «intelectualizado», otras degenerado en pura y simple «diversión», era presa del sensacionalismo, de la idolatría de las proezas técnicas, del atonalismo, del sistema dodecafónico, de las experiencias musicales más gratuitas, todo en un clima de materialismo y de conflicto ideológico cada vez más violento. En pocas palabras, confrontados a semejante caos era para nosotros un verdadero acto de fe el creer en la existencia duradera del arte o en una música connatural al corazón de todo músico auténtico y de la que la obra de Mahler era justamente una flor tardía. Soy perfectamente consciente de la amenaza que la evolución de la situación mundial hace planear sobre nuestra civilización; pero también estoy convencido de que la coexistencia en Mahler de una armonía y de una polifonía muy modernas, con gran profundidad de emoción, que va de lo humano a lo divino, asegurará la supervivencia de su obra de creador. Y lo que me refuerza en esta convicción es que a pesar de todo su modernismo, su armonía y su polifonía permanecen en el terreno de la tonalidad».

Clic en este enlace para descargar el disco de la Sinfonía n° 1 de Mahler con Lorin Maazel dirigiendo a la New York Philharmonic.

Sinfonía n° 1 de Mahler. Primera parte del cuarto movimiento.
Dirige Giuseppe Sinopoli.

______________

(1) En el post de la entrevista con Matteo Pagliari se anunció que la Orquesta Sinfónica del Perú interpretará a Mahler en diversos programas de este año como adelantando un homenaje al compositor bohemio. Revisar la segunda parte llamada “‘Ciclos’ y otros proyectos”. Más adelante se informará de las próximas presentaciones de la OSN interpretando Mahler.

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2 comentarios en “Mahler, el romántico tardío

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