El odioso final feliz (T.A. I)

El final feliz es odioso. Sí, el final feliz, creo yo, que no existe. No es como lo pintan las telenovelas o las pre cocidas comedias románticas de Hollywood, ni mucho menos como lo pintan esos cuentitos infantiles que nos han contado alguna vez en la vida.
Creo que esa idea la tengo desde siempre. Me parece ridículo ver que la gente moría por una novela que al final los protagonistas, siempre hombre y mujer (en su mayoría pobre y rico, o algo similar, pero deben ser opuestos), quedaban juntos. Se sabe como va a terminar, ya no hay necesidad de verla completa.
Peor aún cuando nos meten la idea de que el matrimonio es el paso a la felicidad. Muchos creen que cuando se casan en el vídeo de su matrimonio, al lado inferior derecho aparece la palabra -FIN-. De hecho yo tengo dos interpretaciones de eso. La primera es que ese fin es algo que quiere mostrarse en la televisión, cine y demás, para no mostrarles algo, por ejemplo, como que el protagonista muera, o la protagonista le diga que no a la novia en el altar (sería ilógico tanto sufrimiento por 220 capítulos). La segunda interpretación que le doy es que el fin es secreto pero también compartido, entre todos los guionistas (sí, muy paranoico), sí, sí, muy extraño, o sea el sentido que le dan solo lo conocen ellos, mientras que toda la gente no va más allá y cree lo que ve, a lo que me refiero es que ese fin, para ellos (según mi tonta teoría) significa fin de la vida, fin de la soltería, fin de la diversión, fin de… no hay mejor manera de marcar el fin de algo con un matrimonio. Eso sí, nos pintan el final feliz para creer en todo eso.
Final feliz no existe, tengo otras razones, al menos que me convencen… un matrimonio no siempre es feliz, si es que llega a ser feliz, una enfermedad la destruye muy rápido, mucho más si es una enfermedad incurable, lamentablemente. Pero aún así nos hacen creer que porque le quedó el zapato a la Cenicienta y ella tenía su hada madrina y consiguió su príncipe todos van a terminar así. No. Hay que ser realistas.
Felizmente las óperas, muchas veces basadas en la literatura, no atosigan a todo el mundo con esos finales felices. Está la ópera del jugador (Don Giovanni), la de la mujer celosa (Tosca), la del hombre celoso (Carmen), la del payaso celoso y asesino (Pagliacci), la del tramposo que quería su recuerdito con una ex (Cavalleria Rusticana)… en fin, siquiera ellos también demuestran que no todo es felicidad en la vida. Aunque no todo es tragedia griega tampoco, pero abordan el amor de una manera diferente.
Las telenovelas por otro lado nos muestran una realidad mucho menos probable, aunque hay que reconocerlo, posible… tal vez. Por ejemplo, las telenovelas mexicanas salen siempre de una misma idea: El chico rico que se enamora de la chica pobre (o viceversa)… Claro, no siempre es pobre la chica y rico el chico, a veces hay otros factores que determinan sus lados opuestos. Pero sí, básicamente la idea es que dos chicos se enamoren pero que tengan algo diferente que los separe durante más o menos 200 capítulos, su antípoda. De ahí, el genial guionista le rellena la idea con que el rico tiene una tía ambiciosa, que su papá murió, que la mamá está en el manicomio, que la hermana es drogadicta y que él tiene una vida ridículamente triste. Ah sí, y que se va a casar con la mujer fatal de la novela, la ambiciosa que le quiere quitar la empresa… y nunca falta una pistola. Siempre los mismos refritos.
El final feliz no existe porque el amor no es así. Se supone que el amor tiene altibajos, no que con la boda, la bendición del padre y el medio kilo de arroz que se le tira a la pareja al salir del templo acabó todo y serán felices para siempre. Si fuera así, sería cualquier cosa, menos amor. Bueno, al menos para mí.
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